Cada tipo de sacrificio apunta al amor eterno ofrecido al mundo en el Calvario. Al igual que los cuatro Evangelios en el Nuevo Testamento, cada sacrificio en Levítico revela otro aspecto o permite una mirada en profundidad a nuestro Salvador, su misericordia y su justicia, reveladas en la cruz. Todos los tipos de sacrificio apuntan al Mesías.
1. Él no tendría pecado. En los primeros siete capítulos de Levítico, aprendemos que el Mesías sería sin mancha, perfecto y sin pecado. Sabemos esto porque los animales designados por Dios para los sacrificios (como por ejemplo el becerro, la cabra, el carnero, el cordero, la paloma) tenían que ser «sin defecto» (Lev. 1: 3). Esta es sin duda la razón por la que Jesús afirmaba que él no tenía pecado (Juan 8: 46) y que siempre hacía lo que agradaba a su Padre (Juan 8: 29).
2. Él sería el sacrificio. También descubrimos que el Mesías venidero daría su vida, así como la daban los animales del sacrificio (Lev. 4: 27-29). Imagina cómo habría sido si la gente y sus propios discípulos hubieran entendido este dato. En lugar de eso, creyeron erróneamente que el Mesías sería un rey conquistador en vez del siervo sufriente predicho por Isaías (cap. 53). Buscaban un héroe temporal, no espiritual. Pero cientos de años antes, ¡Levítico había predicho que el Mesías daría su vida para salvar al mundo!
3. Sería el portador del pecado. Curiosamente, cuando el pecador mataba al animal a la puerta del tabernáculo (Lev. 1: 4-5), el sacerdote oficiante recogía la sangre en un cuenco y la rociaba sobre el altar del holocausto o la llevaba al interior del tabernáculo y la rociaba ante la cortina que dividía el Lugar Santo del Lugar Santísimo. De ambas maneras, la sangre del animal se llevaba los pecados del pecador. No es de extrañar que Juan el Bautista gritara: «¡Miren, ese es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!» cuando vio a Jesús (Juan 1: 29). También es interesante señalar que el pecador ponía una mano sobre la cabeza del sacrificio y confesaba sus pecados antes de quitarle la vida al animal (Lev. 1: 4-5; 5: 5-6). Esto es básicamente lo mismo que hacemos cuando confesamos nuestros pecados a Dios. Los ponemos sobre la cabeza de Jesús, que murió por nosotros hace dos mil años, y aceptamos nuestra responsabilidad por su muerte. En otras palabras, Jesús se convierte en nuestro sustituto y toma sobre sí nuestros pecados (Lev. 1: 4; 1 Ped. 2: 24).
4. Él sería un «aroma agradable». El humo que salía de los sacrificios quemados se consideraba «aroma agradable al Señor» (Lev. 1: 9). Dondequiera que Jesús iba, la atmósfera cobraba vida con su presencia. Tanto en Efesios 5: 2 como en Filipenses 4: 18 se describe a nuestro Salvador como «olor agradable».
Si los judíos no hubieran perdido de vista a Jesús en su interpretación de los servicios del templo, habrían sido mucho más rápidos en identificarlo. Esto también es válido para nosotros: cuanto más vemos a Jesús en Levítico, más seguros estamos de que el Jesús del Nuevo Testamento coincide perfectamente con los criterios de nuestro Salvador y Mesías prometido.
Medita de nuevo en Levítico 1 a 7 e identifica dónde está Jesús en el texto.
¿Qué aspectos de Jesús, de sus acciones o de sus palabras, se reflejan simbólicamente en los servicios de sacrificio?
¿Te ofrece el texto una perspectiva nueva o diferente de Jesús?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
3er. trimestre 2023 EL LIBRO DE LEVÍTICO
Lección 1 «JESÚS»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

