El elogio de Jesús por la ofrenda de la viuda pobre es también una amonestación abierta a quienes son reticentes a dar porque sospechan que algo no funciona bien dentro de la obra. Cuando los rumores se hacen eco de su poca disposición a dar, algunos confunden su incredulidad con sabiduría, y hasta se sienten orgullosos de ello. Cuando son influenciados por la mentalidad terrenal que los rodea, la Palabra de Dios se vuelve secundaria, sobreabunda el cinismo, se distorsiona la verdad, proliferan las teorías conspirativas y cada uno cree tener la verdadera versión de los hechos.
Pero en el caso de la viuda pobre, había razones muy reales para desconfiar. Aun así, ella decidió hacer lo correcto a los ojos de Dios, y fue elogiada por Jesús. Ella creyó firmemente que no podemos burlarnos de Dios; que él no solo nos ve ofrendar, sino que también advierte cómo se utilizan los fondos después. Él dice: «¡Yo, Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras!» (Jer. 17: 10). Nada escapa a sus ojos, que no duermen.
Por otro lado, las instituciones que administran los fondos de Dios no solo deberían hacer lo correcto, sino también demostrar que hacen lo correcto. La Iglesia Adventista, por ejemplo, adoptó cursos de acción estrictos para asegurarse de que los fondos se utilicen de manera adecuada. Uno de ellos fue hacer de la iglesia una entidad legal, que no es propiedad de ninguna persona ni grupo de personas que puedan aprovecharse de ella. Es más, todas las decisiones y las políticas financieras importantes se toman en comités; nunca las toma una persona. Los dirigentes y los trabajadores reciben su salario bajo una escala salarial fija, y si ingresan más diezmos y ofrendas, en lugar de que los trabajadores se vuelvan más ricos, la misión se terminará antes.
Otro aspecto importante es que hay un sistema de auditoría sólido y vigilante, que investiga regularmente todos los procesos financieros y administrativos, y publica informes.
Los dadores también pueden ayudar a mejorar la transparencia y la responsabilidad de la iglesia con simples medidas, como esperar y solicitar recibos luego de cualquier contribución. Como recordatorio, solo se pueden entregar recibos si cada vez que dan los dadores se identifican por nombre, ya sea de manera digital o en sobres físicos. Esperar y solicitar recibos no es solo un derecho del dador, es un deber.
Jesús está llamando a sus hijos en el tiempo del fin a confiar en él, que es el Dueño de la Iglesia, y a confiar unos en otros para avanzar como un ejército organizado. Él puede solucionar cosas que algunos creen que son imposibles de enderezar.
Se acercan tiempos difíciles. Jesús invita a la generación de los últimos días de la Iglesia a imitar el ejemplo de la viuda pobre y seguirlo a él, el Dador extremo, por caminos de sacrificio y entrega. Él dejó todo atrás, vino a la tierra y murió por nosotros. Mientras haya tiempo, Dios nos invita a asociarnos con él por medio de la dadivosidad regular y sistemática en su santa obra de salvar almas. Entonces, antes del fin, él nos invitará a dar un paso más, y a darlo todo, porque su redención está muy cerca. De todas formas, como Noé, ya no necesitarán aquello que den.
Los hijos de Dios saben que solo al dar regular y sistemáticamente, el corazón puede desconectarse poco a poco de este mundo y prepararse para el venidero. Han caminado aquí con Jesús, aprendieron a confiar en él, y ahora su mirada está puesta en una nueva patria. «Los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria. […] Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad» (Heb. 11: 14-16).
¿Tu mayordomía cambia tu conexión con Jesús, o tu conexión con Jesús determina tu mayordomía? ¿Puede funcionar de ambas maneras?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
1er. trimestre 2023 INVERSO
Lección 10 «LA VIUDA POBRE: LA DADORA EXTREMA»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

