¿Qué habrá motivado a Acaz a ofrecer a su hijo como sacrificio, una práctica común para las naciones idólatras cercanas? En casi todas las religiones paganas, tú tienes la iniciativa. Tú tienes que pagar, sufrir o sacrificar para agradar a las deidades y los espíritus. Se cree que cuanto más pagas o sufres, más obtienes a cambio.
Rodeado de amenazas por todas partes, Acaz necesitaba mucha protección. Y al sentir la necesidad desesperada de ayuda sobrenatural, ¡ofrece su posesión más costosa! ¿Cómo pudo mirar los ojos angustiados de su hijo al colocarlo en los brazos del ídolo encendido? ¿Cómo pudo oler la carne chamuscada de su hijo mientras miraba el humo que ascendía?
Siglos antes, uno de sus antepasados se enfrentó a una situación similar. Pero cuando Abraham estaba a punto de bajar el cuchillo sobre su ofrenda más costosa, una voz del cielo impidió que matara a Isaac. Dios había provisto un Sustituto para su hijo: la Ofrenda más costosa de Dios, ¡su propio Hijo!
La Biblia deja claro que nunca se nos requiere pagar por nuestra aceptación con ofrendas o diezmos. En cambio, somos invitados a aceptar la ofrenda más costosa de Dios, a Jesucristo, como un regalo gratuito, una propiciación por nuestros pecados.
Cuando confiesas tus pecados, sin importar tu pasado ni tu culpa, y crees que Dios acepta la ofrenda de Jesús por ti, tienes paz con Dios (Rom. 5: 1) y ya no estás bajo la condenación (Rom. 8: 1). Te has convertido en hijo de Dios. Tu vida llega a ser el logro del propósito eterno de Dios, que siempre es por tu bien (Jer. 29: 11; Rom. 8: 28).
Como resultado, las ofrendas regulares y el diezmo son un requisito de Dios como una proporción de las bendiciones materiales que nos da cada vez que nos bendice. Son reguladas por la dadivosidad de Dios. Por medio de este acto de adoración, Dios nos ayuda a recordar sus bendiciones y a darnos cuenta de que solo son posibles por la muerte de Jesús: la Ofrenda más costosa de Dios. Al tomar sobre sí la carga de nuestros pecados y perdonarlos por medio de su muerte, Jesús nos abrió la puerta para recibir todas las demás bendiciones. (Recuerda que Dios no puede prosperar a pecadores empedernidos; aquellos que no confiesan sus pecados no permiten que Jesús pague por ellos.)
Por el contrario, Acaz dio incesantemente, dio demasiado (hasta su hijo), y dio antes de las bendiciones, esperando recibirlas entonces. Motivado por un frenesí descontrolado de liberalidad, dio mucho más de lo que hubiera devuelto en diezmos y ofrendas, según la indicación divina. Luego de dar tanto, en lugar de recibir protección fue arruinado por los demonios.
Los adoradores de Dios son llamados a devolver diezmos y ofrendas regulares siempre después de haber recibido las dádivas divinas, en reconocimiento por lo que nos ha dado, ¡nunca antes! Si lo que damos es un intento de sobornar a Dios a cambio de sus bendiciones, no será aceptado. De hecho, es Dios quien nos está «sobornando», en el sentido de que es siempre él quien inicia el proceso de dadivosidad.
A Acaz le hubiera costado mucho menos aceptar el ofrecimiento de Dios, llevar los diezmos y las ofrendas según las indicaciones divinas, en un acto agradecido de adoración. Pero se negó, y trató de pagar él mismo con ofrendas increíblemente costosas… sin éxito. Aceptemos hoy la invitación misericordiosa de Dios de recibir su ofrenda más costosa.
¿Dónde ves a Jesús en 2 Crónicas 28: 16 al 27?
¿Cómo explicas que la Biblia asegura que el Señor no desea sacrificios (ver Oseas 6: 6), pero al mismo tiempo nos pide que devolvamos regularmente diezmos y ofrendas?
www.meditacionesdiarias.com
www.faceboock.com/meditacionesdiariass
https://play.google.com/store/apps/details?id=com.meditacionesdiarias.mobile
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
1er. trimestre 2023 INVERSO
Lección 7 «ACAZ: EL DADOR MALVADO»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

