martes , 20 octubre 2026

 

Jesús como profeta

Moisés había predicho al pueblo de Israel: «El Señor su Dios hará que salga de entre ustedes un profeta como yo, y deberán obedecerlo» (Deut. 18:15). ¿Quién era ese profeta? Las Escrituras son claras: esta profecía apuntaba al mismo Jesús. Pedro lo atestiguó mientras predicaba en Jerusalén: «Moisés anunció a nuestros antepasados: “El Señor su Dios hará que salga de entre ustedes un profeta como yo. Obedézcanlo en todo lo que les diga”» (Hech. 3:22). Jesús es el Profeta por excelencia, que trae un mensaje directamente del cielo.

Durante el ministerio de Jesús, se discutió ampliamente si él era el Profeta prometido (Mar. 6:14-15; Juan 6:14; 7:40). Sí, Jesús era un profeta, y mucho más que un profeta. Cuando interrogó a sus discípulos para poner a prueba cuán bien entendían su identidad, ellos respondieron correctamente que él era el Cristo (Mar. 8:27-29). Jesús, como el Cristo, el Mesías, es aquel a quien apuntaban todos los profetas del Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento reconoce a Jesús como el cumplimiento de las profecías mesiánicas, y el propio Jesús lo afirmó (Luc. 24:13-35).

En Juan 1:1-5, la descripción del Verbo no encaja con ningún simple ser humano. El Verbo se identifica como el Creador, pues «por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir» (Juan 1:3, NVI). En otras palabras, él creó todo lo que fue creado: el cosmos entero, cuya extensión se estima ahora en al menos 93,000 millones de años luz. Pero el Verbo que nos creó a nosotros y creó el universo es el mismo Verbo que se hizo carne cuando Jesús vino a este mundo (Juan 1:14). En cada «y dijo Dios» de Génesis 1, oímos hablar a Jesús. Aquel que dijo: «¡Que haya luz!» (Gén. 1:3) es él mismo «la luz de la humanidad» (Juan 1:4). A través del plan de salvación (Juan 1:4-5), él disipó las tinieblas de la tierra.

Las palabras proféticas de Dios son ciertas y están confirmadas. Cuando se les presta atención, son «una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que el día amanezca y la estrella de la mañana salga para alumbrarles el corazón» (2 Ped. 1:19). La profecía seguirá trayendo luz a nuestro mundo pecador hasta que Jesús, «la Estrella de la mañana» y fuente de esa luz profética, inaugure su reino eterno. Hasta entonces, a través de su vida, muerte y resurrección, Cristo nos ofrece a cada uno de nosotros el don de la vida eterna. La única pregunta es: ¿lo aceptaremos?

Reflexiona sobre el hecho de que Jesús, el Creador (Juan 1:1-3), es también aquel que murió en la cruz por tus pecados. ¿Qué te enseña esta asombrosa verdad acerca de la realidad del amor de Dios por ti?

 

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Lección – Inverso 2026.
4to. Trimestre 2026 «EL DON DE PROFECÍA»
Lección 04 « PROFETAS DEL NUEVO TESTAMENTO »
Colaboradores: Henry D. Gómez y Esther Jiménez

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