¿Cómo responderemos?
Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios, pagó el precio por los pecados del mundo entero. Este es el acontecimiento más espectacular y significativo que el mundo haya visto jamás o que jamás verá y, aun así, la respuesta de la multitud fue en gran medida de indiferencia. ¿Cómo pudo ser eso posible?
Desde ese día, todos los que han leído sobre este acontecimiento o han oído hablar de él en predicaciones se emocionan hasta las lágrimas y se sienten profundamente conmovidos por el poder del evangelio. Sin embargo, la mayoría de los que fueron testigos oculares del acontecimiento permanecieron impasibles. Esta realidad nos debería hacer reflexionar profundamente, ya que muestra que es posible saber mucho sobre la cruz y, sin embargo, que esto no tiene ningún efecto en nuestro corazón. ¡Líbranos, Señor!
Elena G. de White nos advirtió sobre este peligro hace muchos años:
«Muchos de los que profesan ser cristianos se entusiasman por empresas mundanales, y se interesan por diversiones nuevas y emocionantes, mientras que su corazón parece helado ante la causa de Dios. He aquí, pobre formalista, un tema [el de la cruz] que tiene suficiente importancia para emocionarte. Entraña intereses eternos. Es un pecado permanecer sereno y desapasionado ante él. Las escenas del Calvario despiertan la emoción más profunda. Tendrás disculpas si manifiestas entusiasmo por este tema».
Es peligroso pensar: Ya sé que Jesús murió por nosotros y tratarlo como algo natural. Se trata de un tema sagrado que merece toda nuestra atención. Debemos orar para que Dios ablande nuestro corazón endurecido, nos toque de nuevo con el poder de la cruz y nos ayude a verla con nuevos ojos.
Afortunadamente, hubo un testigo ocular que cambió su opinión sobre Jesús y expresó abiertamente su nueva creencia. Fue una persona inesperada con una respuesta igualmente inesperada. Cuando Jesús exhaló su último aliento y un terremoto sacudió la tierra, un hombre expresó con franqueza: «¡Verdaderamente este era el Hijo de Dios!» ( Mateo 27:54, NVI ). ¿Quién dijo esto? ¿Los sacerdotes eruditos? No, fue un centurión romano. Un pagano. Un comandante militar. Alguien que había participado directamente en la ejecución de Jesús. Contemplar el sufrimiento de Jesús en la cruz llevó a este hombre pagano a la clara conclusión de que Jesús era realmente el Hijo de Dios.
Debemos orar para que Dios nos llene el corazón de sensibilidad para poder apreciar la magnitud del sacrificio de Cristo, y que esto nos lleve a compartir el poderoso mensaje del evangelio eterno con el mundo que nos rodea.
¿Te impresiona la historia de la cruz cuando la lees, o te parece que es solo una antigua historia y no algo que podría transformar tu vida?
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Lección – Inverso 2026.
3er. Trimestre 2026 «LAS ESCENAS FINALES»
Lección 10 «EL REY EN LA CRUZ»
Colaboradores: Felipe Torres y Esther Jiménez
