Conectados a la vid
En sus últimos momentos con los discípulos antes de la crucifixión, Cristo les describió el tipo de relación cercana que debían tener con él. En Juan 15: 1-11, Jesús utiliza la metáfora de las ramas que se conectan a la vid para describir cuánto dependemos de nuestra conexión con él. Fíjate en la palabra que se repite, no solo dos veces, sino diez: «permanecer» (RV95). Permanecer en Jesús es vivir en estrecha e íntima conexión con él.
Si permanecemos en él, daremos más fruto a largo plazo. Dar fruto es la prueba de que estamos conectados a la vid y confirma que somos sus discípulos. El fruto que Dios cultiva en nuestra vida incluye los frutos del Espíritu (ver Gálatas 5: 22-23) y la cosecha de almas como resultado de nuestro testimonio a favor de Cristo (ver Juan 4: 4, 35-38). Damos fruto para darle gloria a él, no a nosotros mismos. Permanecer en Jesús significa guardar los mandamientos, que son un reflejo de su hermoso carácter de amor desinteresado (ver 1 Juan 3: 24).
Permanecer en Cristo a veces parece uno de los desafíos más grandes. Aun cuando sabemos que eso es lo que necesitamos, el ajetreo de la vida nos arrastra a su corriente y nos parece demasiado difícil lograr permanecer en él. A veces, la religión puede parecer una tarea pesada porque se centra en las acciones externas en lugar de centrarse en lo que hay en el corazón. Nada podría estar más lejos de lo que Dios desea, que es una relación basada en el amor mutuo y la libre elección, no solo en normas; una relación en la que él te eligió primero a ti (ver 1 Juan 4: 19).
A veces, podemos estar parcialmente conectados a la vid, pero sin permanecer en ella con cada fibra de nuestro ser. Es decir, podemos ir a la iglesia, orar y llevar a cabo lo que sabemos que es correcto, pero por dentro estamos como anestesiados. La verdad es que no podemos tener la iniciativa de permanecer en Jesús más de lo que una rama puede conectarse por sí misma a una vid. Dios nos amó primero; él dio el primer paso. Nuestra parte es responder a lo que Dios ha hecho primero por nosotros.
Durante el frío invierno, los brotes de las ramas de la vid permanecen deshidratados y dormidos hasta que llega la primavera. Cuando la tierra se calienta, las raíces absorben agua, la savia fluye por el tronco de la vid y una nueva vida entra en las ramas, que dan fruto durante el verano. La savia de la vid es como la obra del Espíritu Santo en nuestra vida. Podemos ser como una rama muerta, pero cuando elegimos pasar tiempo con Dios, el Espíritu Santo entra en nosotros como la savia y nos da vida para que comencemos a crecer. Así como necesitamos tomar la decisión consciente de querer permanecer en Jesús, también debemos pedir que el Espíritu Santo, la savia, fluya en nuestra vida (ver Lucas 11: 13).
Reflexiona sobre tu vida. ¿Puedes identificar alguna experiencia que te haya llevado a la apatía espiritual? ¿Qué experiencias te han acercado más a Dios?
2do trimestre 2026 «UNA RELACIÓN MÁS ÍNTIMA CON DIOS»
Lección # 01 «UN CHEQUEO A TU REALIDAD ESPIRITUAL»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
