Las cicatrices en sus manos
En el cielo, veremos que la luz de Jesús ha llegado a personas de todas las naciones, tribus y lenguas, incluidas aquellas que tuvieron acceso limitado a la historia completa del evangelio, pero que se salvaron por responder a la luz que se les dio (Apoc. 7: 9). Algunos escucharán la historia de la cruz por primera vez en el cielo. Le preguntarán a Cristo: «¿Pues qué heridas son esas que traes en el cuerpo?». Entonces, él responderá: «Me las hicieron en casa de mis amigos» (Zac. 13: 6). Incluso aquellos que nunca han comprendido plenamente el evangelio pueden responder a la revelación del amor de Dios y ser contados entre los redimidos.
Jesús salvará a otros que conocían su nombre, pero que estaban confundidos por falsas doctrinas en el cristianismo. Esto se revela en Apocalipsis 18, donde Dios llama a su pueblo a salir de Babilonia, un término que se refiere a una forma transigente de cristianismo que mezcla la verdad y el error. El versículo 4 dice: «Salgan de esa ciudad, ustedes que son mi pueblo». Esta invitación revela que Dios tiene seguidores fieles incluso en medio de la oscuridad espiritual que simboliza Babilonia. Dios encuentra a sus hijos enredados en sistemas de confusión y error. Él conoce sus corazones y los llama a salir de la oscuridad hacia la luz.
El corazón misionero de Dios es tan grande que abarca a todos. Él es el ganador de almas por excelencia, que trabaja incansablemente para alcanzar a cada individuo, independientemente de su origen o conocimiento. El amor de Dios no conoce fronteras, y su deseo de salvar es universal, pues quiere atraer a personas de todos los trasfondos hacia su reino eterno. Por esta razón, repartió a cada uno una «medida de fe» (Rom. 12: 3, NTV). Dios ha puesto en el corazón de cada persona algo que percibe el llamado divino.
Nuestro papel es cooperar con Dios, ser depósitos de su luz y compartir su amor dondequiera que podamos. Presentar a Jesús a las personas y contarles la historia del evangelio las anima a dar una respuesta consciente al amor de Dios. Nuestra responsabilidad misionera también incluye a otros cristianos que están engañados por los errores de Babilonia. Al compartir con ellos la verdad bíblica y darles una imagen precisa del carácter de Dios, obtienen las herramientas para tomar las decisiones correctas y no alejarse de Jesús.
Que cada uno de nosotros acepte el desafío de conocer lo que creemos y saber por qué lo creemos. Que conozcamos a Cristo y lo compartamos con otras personas de todos los orígenes. Cuando nuestra fe sea cuestionada, que seamos capaces de defender nuestras creencias y las razones de la esperanza que hay en nosotros.
Preguntas para considerar:
Si Dios salvará a algunas personas que nunca han oído el nombre de Jesús, ¿qué sentido tiene compartir el evangelio?
¿Cuánta responsabilidad misionera debemos sentir hacia otros cristianos que están confundidos por falsas doctrinas?
1er trimestre 2026 «APOLOGÉTICA: EL AREÓPAGO»
Lección # 13 «ESPERANZA PARA LOS NO CRISTIANOS»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
