Adán y Eva no tenían preocupación alguna dentro del Jardín del Edén. Su Creador pasaría tiempo con ellos enseñándoles sus secretos. El clima era estable y agradable. La pareja disfrutaba de una gran intimidad el uno con el otro. Después de todo, no había electricidad, y tras la puesta del sol no habrán tenido más opción que pasar un rato fabuloso juntos antes de dormirse.
Todo lo que necesitarían para la vida era abundante, estaba disponible y listo para consumir, sin preocupaciones ni trabajo. Como representantes de Dios, habían recibido libertad para organizar y administrar el Jardín a discreción, desarrollando su refinado criterio estético para glorificar a Dios. Esto fomentaría un elevado sentido de autoestima y placer. Sin embargo, luego de cruzar el límite prohibido, Adán y Eva abrieron una puerta para la inversión del proceso creativo y para que el caos se instalará. Indignos de confianza (alteración de la autoestima), y expulsados de la presencia visible de Dios y del Jardín (alteración de la espiritualidad y el entorno), rodeados de acusaciones mutuas (alteración de la relación), sujetos a la muerte y la decadencia (alteración de la vida), se les ordenó que trabajaran y se esforzaran para sustentarse (posible alteración de la economía). ¡El miedo, la preocupación y la vergüenza (alteración de las emociones) eran la nueva realidad!
No fue hasta después de haber dudado de la bondad de Dios que Adán y Eva despreciaron su única restricción. Creyeron que estaban perdiendo la libertad y buscaron asegurar lo que creían que era su derecho. Así, la esencia del pecado es el deseo de ponerse a uno primero.
Como la desconfianza siempre daña las relaciones, se produjo una alteración crítica en la conexión de la primera pareja con la Fuente de la vida. La desconfianza trajo separación, decadencia y muerte. Nadie culparía a Dios de ser injusto si los hubiera dejado para que experimentaran las amargas consecuencias de su decisión. Después de todo, ¿cuántas veces se les había advertido?
El pecado haría peligrar la estabilidad de los sistemas (del universo), así que, Dios no podía pretender que no estaba ocurriendo nada. ¡Tendría que hacer algo al respecto! Dios se dio cuenta de que, si eliminaba a Adán y a Eva del panorama, los demás seres lo obedecerían por miedo. No confiarían en que los límites que él establecía eran por su bien, y eso generaría más desconfianza y rebelión. Cuando hay miedo, nunca hay amor.
Así, en lugar de eliminar a Adán y a Eva para siempre, Dios decidió «quitarse» a sí mismo de su posición exaltada. Dios llegaría a ser el receptor divino de las alteraciones, el dolor, el sufrimiento, el caos y la muerte. Se ofreció a sí mismo como sustituto para todos aquellos que confiaran en que su muerte era suficiente para perdonar pecados y limpiar de toda injusticia; así desvió los resultados naturales de la desobediencia. Este plan se les ofreció inmediatamente a Adán y a Eva (ver Gén. 3: 15), y se ejemplificó con el primer sacrificio de un animal (implícito en el relato de las túnicas de piel que Dios les dio). ¡El primer Dador proveyó la primera Ofrenda!
¿Dónde ves a Jesús en Hebreos 1: 1 al 4?
¿De qué manera has ofrecido a Jesús como tu primera ofrenda?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
1er. trimestre 2023 INVERSO
Lección 1 «DIOS: EL DADOR QUE SOSTIENE»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

