viernes , 1 mayo 2026

 

¿Por qué me has abandonado?

En Éxodo 5: 22-23, Moisés clamó: «Señor, ¿por qué tratas mal a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? Desde que vine a hablar con el faraón en tu nombre, él ha maltratado aún más a tu pueblo, y tú no has hecho nada para salvarlo». Desanimado por la adversidad y el aparente fracaso de su misión, se preguntó si Dios estaba en realidad presente.

Encontramos experiencias paralelas en la vida de Jesús. Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades, «estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; solo que él jamás pecó» (Hebreos 4: 15). En momentos cruciales de su vida en los que parecería que Dios Padre debería haber estado más cerca, parecía estar muy lejos de él. Por ejemplo, cuando Jesús estuvo en el desierto. El Evangelio de Mateo describe el bautismo del Señor a manos de Juan al comienzo de su ministerio. Su Padre habló desde el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma. Podríamos decir que fue una experiencia en «la cima de la montaña». Luego, ese mismo Espíritu lo condujo al desierto, donde estuvo expuesto a terribles tentaciones del diablo. Pasó cuarenta días sin comer, y entonces, cuando su cuerpo ya no podía estar más débil, apareció el diablo. Satanás en persona fue a acosar a Jesús. Imagínate que Jesús basara su relación y su confianza en su Padre según la experiencia del momento.

Más tarde, cuando la misión de Jesús lo llevó a Jerusalén y a una cruz romana, lo encontramos de nuevo en una situación en la que habría sido muy fácil desanimarse y sucumbir a pensamientos de duda respecto al amor de Dios por él. En Getsemaní, dijo a sus discípulos: «Mi alma está muy triste, hasta la muerte» (Mateo 26: 38). En lugar de animarlo y apoyarlo, sus mejores amigos lo abandonaron.

En la cruz, Jesús fue sometido a la prueba definitiva cuando parecía que todo lo que había intentado hacer había fracasado. Uno de sus discípulos más respetados lo había traicionado, uno de sus discípulos más cercanos lo había negado y el resto lo había abandonado. En la cruz, todos lo miraban como a un mesías fracasado, pensaban que «Dios lo había herido» (Isaías 53: 4). Al final, Jesús clamó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mateo 27: 46). Pocas cosas son peores que sentirse abandonado. Una cosa es ser castigado, otra, es ser abandonado. Todo parecía decirle a Jesús que estaba solo. Nadie estaba a su lado. Sin embargo, su Padre estaba allí, escondido en la oscuridad.

Todo lo que experimentó Jesús nos asegura que cuando nos enfrentamos a circunstancias difíciles en la vida, podemos confiar en que hay más a nuestro alrededor de lo que podemos ver. Podemos confiar en que Dios sigue estando presente, incluso en nuestros momentos más oscuros (Salmo 18: 11). Podemos saber que hay más a nuestro favor que en nuestra contra (2 Reyes 6: 16). No tenemos que juzgar nuestra relación con Dios en función de lo que estamos experimentando en el momento.

Medita nuevamente en Éxodo 5 y 6 y busca a Jesús ahí.

¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente o identificar algún rasgo nuevo de él?

Qué crees que estaba experimentando Jesús cuando clamó a su Padre: «¿Por qué me has abandonado?».

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 04  «CONFRONTANDO AL FARAÓN»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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