Depender de ti mismo
Al igual que Moisés, Jesús tuvo oportunidades para tomar los asuntos en sus manos y depender de su propia fuerza en lugar de confiar en su Padre. Cada tentación a la que se enfrentó Jesús presentaba una forma de eludir el difícil ministerio al que había sido llamado. Cuando el diablo lo tentó para que convirtiera las piedras en pan, lo estaba tentando para que hiciera las cosas de la manera más fácil (Mateo 4: 3). A decir verdad, no es tan difícil justificar la creación de comida para uno mismo cuando se está a punto de morir de hambre. Esto parecería especialmente cierto para Jesús, cuando sabía que tenía que permanecer vivo para completar la misión que Dios le había enviado a cumplir a la tierra. Así que, para Jesús, la tentación de crear comida era muy real. Como Moisés en Egipto, tuvo la tentación de usar sus habilidades para dar una solución lógica al problema inmediato. Sin embargo, Jesús había aprendido la lección que Moisés aún necesitaba aprender: cuando tienes una misión de Dios, no debes depender de tus propias capacidades. Debes esperar a que Dios actúe y dirija.
Cuando Satanás tentó a Jesús para que lo adorara (Mateo 4: 8-9), Jesús se vio de nuevo en una situación en la que debió ser muy tentador aceptar la oferta de Satanás. Jesús sabía el sufrimiento que le esperaba. Había leído las profecías del Antiguo Testamento. Sabía que le esperaba una vida de oprobio intentando cumplir su misión. Ganarse la adoración de todo el mundo por un camino más fácil debió de ser una tentación legítima. Aunque la mayoría de los cristianos actuales suelen presentar las tentaciones como algo no muy serio para Jesús, ya que él es Dios, en realidad fueron pruebas semejantes, pero más desafiantes a la que Moisés enfrentó cuando vio al egipcio golpear al esclavo israelita.
Además, al final del ministerio terrenal de Cristo, él fue tentado por un medio diferente de intentar las cosas por sí mismo. En esta tentación, los relatos evangélicos no mencionan específicamente que Jesús fuera tentado por Satanás. Más bien, encontramos escondida una frase sencilla, casi críptica, en la oración suplicante de Cristo a su Padre: «Pero que no se haga lo que yo quiero» (Mateo 26: 39). Aquí, Jesús reveló que no quería completar la misión. Quería que hubiera otro camino, un camino más fácil. Pero había aprendido a confiar en el plan del Padre. Se sometió al Padre cuando dijo: «Sino lo que quieras tú» (vers. 39). En lugar de elegir su propio camino, Jesús se sometió al plan y al momento exacto asignado por su Padre.
Medita nuevamente en Éxodo 2 y busca a Jesús en el pasaje.
¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente o identificar algún rasgo nuevo de él?
¿De qué maneras te has encontrado con amos egipcios que golpean a un esclavo israelita? ¿Qué te llama Dios a hacer?
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 02 «CON TUS PROPIOS MÉTODOS»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
