lunes , 17 agosto 2026

 

Un gran desafío

Actualmente, nos enfrentamos a uno de los desafíos más importantes que la iglesia cristiana haya visto alguna vez en lo que respecta al altar de adoración personal y colectiva, y probablemente lo tengas en tu mano o cerca de ella ahora mismo. Las investigaciones muestran que la mayoría de las personas pasan un promedio de 2 horas y 27 minutos en las redes sociales cada día.1 La mayor parte de ese tiempo, usando el teléfono inteligente. En Estados Unidos, los niños de entre 8 y 12 años pasan entre 4 y 6 horas al día mirando o usando pantallas, y las cifras son similares en todo el mundo. Los adolescentes pasan un promedio de 9 horas al día frente a una pantalla.2 Los científicos están cada vez más alerta sobre cómo las pantallas afectan nuestra salud y nuestro bienestar mental.

Los usos dañinos de la tecnología, especialmente de los teléfonos inteligentes y las redes sociales, están creando problemas de salud mental que recién estamos empezando a comprender. Los altos niveles de uso de tecnología se han asociado con una amplia variedad de síntomas problemáticos. La evidencia sugiere que el uso descontrolado de la tecnología puede

  • dañar nuestra capacidad de concentración y enfoque;
  • hacernos sentir solos;
  • aumentar nuestros niveles de estrés;
  • aumentar la depresión y la ansiedad;
  • producir una autoimagen corporal negativa;
  • fomentar patrones de sueño insalubres;
  • generar adicción;
  • promover el acoso cibernético;
  • aumentar el miedo a perderse algo (FOMO por sus siglas en inglés);
  • promover expectativas poco realistas;
  • provocar déficit de memoria.

Un autor señala que las pantallas funcionan como intermediarios en nuestras vidas que se interponen entre la persona que crea y la que recibe. A medida que aumenta el tiempo frente a la pantalla, perdemos la riqueza de la comunicación cara a cara. «Fuimos creados por Dios con un deseo innato de contacto y comunicación con él sin intermediarios»,3 por lo tanto, ¿qué sucede cuando nuestra mente cambia tanto que nos cuesta adorar a Dios sin tecnología? ¿Podrías adorar a Dios de forma analógica?

Mucho antes de que los científicos descubrieran que los medios digitales pueden afectar gravemente nuestro bienestar, Elena G. de White escribió que «hay una ley de la naturaleza intelectual y espiritual según la cual modificamos nuestro ser mediante la contemplación. La inteligencia se adapta gradualmente a los asuntos en que se ocupa. Se asimila lo que se acostumbra a amar y a reverenciar» (El conflicto de los siglos, cap. 35, p. 543). Ella también declara: «Cada órgano del cuerpo ha sido hecho para estar subordinado a la mente, que es la capital del cuerpo. La mente controla todo el ser. Todos nuestros actos, buenos o malos, tienen su origen en la mente. Es la mente la que adora a Dios y nos une con los seres celestiales» (Mente, carácter y personalidad, t. 1, cap. 9, p. 83). La cuestión es hacia dónde orientamos nuestra mente y qué hábitos formamos. Dependiendo de lo que elijamos ver, nuestros teléfonos pueden ser herramientas para un gran bien o para un gran mal. Si permitimos que el teléfono se convierta en un canal mediante el cual recibimos contenidos degradantes o sin sentido, ponemos en peligro nuestra mente y nuestra capacidad de adorar a Dios. Debemos tener cuidado de no permitir que los dispositivos inteligentes se conviertan en el nuevo ídolo ante el cual nos inclinamos.

¿Has notado cambios en tu persona como resultado de contemplar algo?

¿Con qué tipos de ídolos crees que nos enfrentamos hoy en día?

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
2do trimestre 2025 «DE VUELTA AL ALTAR»
Lección #06 «LA RESTAURACIÓN DE UN ALTAR DERRUMBADO»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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