viernes , 17 julio 2026

Salvar al peor pecador

El libro de Proverbios menciona siete cosas que el Señor odia. No tenemos ninguna razón para creer que los siete demonios de María fueran mejores o peores a los ojos de Dios que estos siete pecados, sin embargo, los pecados de Proverbios son mucho más comunes de lo que nos gustaría admitir: «Los ojos altaneros, la lengua mentirosa, las manos que asesinan a gente inocente, la mente que elabora planes perversos, los pies que corren ansiosos al mal, el testigo falso y mentiroso, y el que provoca peleas entre hermanos» (Proverbios 6: 17-19). Hagamos examen de conciencia: ¿Quién no ha tenido una actitud negativa que se reflejaba en las expresiones faciales? ¿Quién no ha copiado en un examen? ¿Quién no ha dado rienda suelta a su imaginación con cosas malas, especialmente con la ayuda de videojuegos, películas, revistas y libros? ¿Quién no ha mentido nunca? ¿Quién no ha tenido malos sentimientos hacia determinadas personas?

Cuanto más reflexionamos sobre los siete pecados de Proverbios, más cercana nos resulta la historia de María. Puede ser difícil identificarse con la historia de María cuando no somos conscientes de lo mucho que Dios nos ha perdonado. Muchas personas se han convencido a sí mismas de que necesitan tan solo un poco de perdón porque piensan que sus pecados son pocos y menores; sin embargo, Jesús dijo: «Bueno solamente hay uno» (Mateo 19: 17). Salomón declaró: «No hay nadie que no peque» (1 Reyes 8: 46) y Pablo escribió: «Todos han pecado y están lejos de la presencia gloriosa de Dios» (Romanos 3: 23). Todos dependemos completamente de la gracia y el amor de Dios. Todos tenemos problemas, dolor y quebranto, pero Jesús vino a sanar a los quebrantados de corazón. Él da nueva vida a las personas de quienes nosotros menos esperaríamos tal cosa. Con Jesús, ningún caso es sin esperanza. No importa lo que haya detrás de nuestras lágrimas, Jesús ha venido a conectarnos con el cielo. ¡Este es un verdadero motivo de alegría!

Independientemente de nuestro pasado, con Dios tenemos un futuro brillante y prometedor. «Hay gran alegría en tu presencia» y «hay dicha eterna junto a ti» (Salmo 16: 11). Cuando lleguemos al cielo, Dios nos dirá: «Entra y alégrate conmigo» (Mateo 25: 21). Pero esta promesa de alegría no es solo para el futuro. Incluso ahora, Dios quiere llenarnos de una alegría profunda y satisfactoria que brotará y fluirá para refrescar a los que nos rodean (ver Juan 4: 14; 7: 38). María encontró esta alegría. La última vez que vemos a esta mujer en la Biblia, está proclamando el mensaje de un Salvador resucitado (ver Juan 20: 18). Jesús renovó su mente y convirtió sus lágrimas de dolor en lágrimas de alegría, lo mismo que quiere hacer por cada uno de nosotros.

Medita de nuevo en Juan 20 y busca lo que revela sobre Jesús, su carácter, sus prioridades y su obra.

¿Te identificas con María? ¿En qué sentido o en qué aspectos?

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
1er trimestre 2025 «RENOVAR LA MENTE»
Lección #13 «SALVAR A LOS QUE SUFREN»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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