jueves , 28 mayo 2026

Pasos prácticos

Fuimos creados para relacionarnos con Dios y con los demás, sin embargo, nuestras apretadas agendas dejan poco espacio para el cuidado de la salud y de las amistades, y para dedicar un tiempo de calidad a estar con el Señor. A menudo nos vemos abrumados por las responsabilidades del trabajo, los estudios, la iglesia y el hogar. Pasamos mucho tiempo corriendo de un lado a otro tratando de cumplir con todo, pero logramos muy poco. Cuando nuestras vidas están fuera de control, no estamos unidos a Cristo; en realidad estamos unidos a las exigencias de otros y a veces ¡a nuestro propio orgullo! Perdemos mucho tiempo en ocupaciones inútiles, como el ocio y el consumismo. Con Cristo encontramos el coraje para sopesar nuestros valores, ajustar nuestras prioridades, establecer los límites necesarios y marcarnos un ritmo.

Orar y meditar en la Palabra de Dios mejora nuestra concentración y capacidad para planificar bien. Orar y meditar cada mañana, al mediodía y por la noche es lo ideal (ver Salmo 55: 17). En casa, puedes sentarte en la cama o arrodillarte ante Dios cuando te despiertes. Dedica tiempo a calmar tu mente mientras meditas y hablas con el Dios del universo. Si estás en el trabajo, intenta encontrar un lugar apartado, cierra los ojos y ora unos instantes. En la universidad, a veces puedes encontrar un rincón tranquilo en la biblioteca o en el exterior para hacer una pausa y orar en silencio. Aprende a pasar tiempo a solas con el Señor tranquilamente.

Memorizar las Escrituras también nos enseña cómo moldear nuestra vida y nos fortalece para hacer lo correcto. Invitar a la Palabra de Dios a tu mente y repetir sus promesas trae paz, alegría y serenidad. «¡Tú guardarás en perfecta paz a todos los que confían en ti, a todos los que concentran en ti sus pensamientos!» (Isaías 26: 3, NTV). Meditar en la Palabra de Dios nos hace firmes para sobrellevar las situaciones más difíciles. Incluso cuando nos acostamos en la cama por la noche, las Escrituras pueden calmar nuestra mente para que conciliemos el sueño. «Yo me acuesto tranquilo y me duermo en seguida, pues tú, Señor, me haces vivir confiado» (Salmo 4: 8).

Haz una lista de todo lo que hay que hacer para priorizar objetivos y establecer límites. Empieza por clasificar las cosas más importantes de tu lista de tareas y, enseguida, identifica las que pueden esperar. Una lista de tareas también puede ayudar a definir las cosas a las que debes decir «no». Di «sí» tan solo a lo que esté en armonía con los principios bíblicos y que tú sabes, de forma realista, que podrás hacer. Por cada vez que digas «sí», mil veces dirás «no», así que elige sabiamente lo que aceptarás.

Recuerda procesar con atención lo que otros te piden que hagas antes de decir que sí. Una buena primera respuesta podría ser: «Déjame pensarlo». Después, tómate tu tiempo para evaluar la petición y ver si encaja con tu agenda, tus objetivos y tu vocación. Recuerda también que no estás solo/a. Haz tu parte, pero comparte la carga, delega ciertas tareas o divide tus responsabilidades con otros: amigos, familiares, compañeros de trabajo, socios en el ministerio, etcétera. No siempre puedes hacerlo todo tú solo/a.

Si sigues estas pautas, verás que la mayoría de las tareas de tu lista, si no todas, acabarán completándose. Busca la orientación divina para saber lo que Dios te ha llamado a hacer.

Medita de nuevo en Mateo 11: 25-30 y busca dónde está Jesús en el pasaje.

¿Qué cambios te pide Jesús que hagas en tu vida para unirte más a él?

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
1er trimestre 2025 «RENOVAR LA MENTE»
Lección 10 «CONTROLAR EL ESTRÉS»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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