Aprender a perdonar
Aprender a perdonar no es fácil; sin embargo, como un bebé que aprende a caminar, podemos practicar dando pequeños pasos hacia el perdón. Los hitos importantes en el camino hacia el perdón pueden resumirse en estas seis acciones: orar, recordar, empatizar, evaluar, comprometerse y aferrarse.
Orar. El primer paso para perdonar o para aceptar las disculpas que nos pide otra persona es la oración. Debemos orar para que Dios ablande nuestros corazones, y nos ayude a vernos a nosotros mismos y la situación desde su perspectiva, creando en nosotros un corazón limpio y un espíritu o actitud rectos (ver Salmo 51: 10; 139: 23-24).
Recordar. El siguiente paso es recordar lo que se ha hecho mal. No dejes nada de lado, especialmente si te hace sentir enfadado o molesto. Nombra tu emoción, escríbela y anota lo que dicha emoción te hace sentir exactamente. Llévala a Dios y entrégale tu dolor (ver 1 Pedro 5: 7). Considera hablar con un amigo de confianza o con un buen consejero. Luego pregúntale a Dios cómo tú, siendo cristiano, debes manejar esas emociones.
Empatizar. El siguiente paso es intentar comprender el punto de vista de la otra persona sobre por qué te ha hecho daño, sin minimizar ni restar importancia al mal que te ha hecho. A menudo, el mal se debe en parte a algo con lo que la otra persona está lidiando, un reflejo de su propio quebranto. Comprender lo que la otra persona ha experimentado no excusa de ninguna manera el mal, pero nos da perspectiva. Pide a Dios que te ayude a empezar a ver a esa persona a través de los ojos divinos.
Evaluar. El siguiente paso es evaluar detenidamente tus propios defectos y carencias. Recuerda una ocasión en la que alguien te perdonó. ¿Cómo te sentiste? Sobre todo, recuerda cómo te ha perdonado el Señor. Reconocer y valorar el perdón que tú mismo has recibido te permite extenderlo hacia los demás.
Comprometerse. El siguiente paso es comprometerte a perdonar. Cuéntaselo a un amigo o escribe sobre tu perdón en un diario o en una carta que no envíes. Léelo e imagina la libertad que supone perdonar a la persona y entregar los resultados a Dios.
Aferrarse. El paso final es aferrarse al Señor y a tu perdón. Cuando regrese a tu mente el recuerdo de la ofensa que te hicieron, lleva tu dolor emocional a Jesús y pídele que él lo aleje de ti. Aférrate a la convicción de que él puede hacerlo.
Y recuerda esto: perdonar no es olvidar ni borrar lo sucedido. Perdonar es entregar a la persona, así como la situación a Dios para que él pueda liberarte. Podemos sentirnos heridos cuando recordamos la ofensa, pero no necesitamos permitir que ese dolor nos mantenga atados a la persona o nos obligue a seguir siendo rehenes del dolor que nos ha causado. Jesús quiere liberarnos ayudándonos a perdonar a quienes nos han ofendido.
Vuelve a meditar en Mateo 18 buscando a Jesús en el pasaje y pensando en cómo aplicar el pasaje en tu vida diaria.
¿Qué sucede cuando no perdonamos?
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
1er trimestre 2025 «RENOVAR LA MENTE»
Lección 08 «EXPERIMENTAR EL PERDÓN»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
