viernes , 12 junio 2026

Aplicar los principios

La Biblia utiliza la palabra «ira» más de doscientas veces, por lo que está claro que Dios conoce el desafío que plantea la ira. Quiere que entendamos cómo es posible manejar nuestras emociones de forma saludable.

Consideremos siete pasos que nos ayudarán a aplicar los principios bíblicos que hemos discutido.

Conoce tus objetivos y céntrate en ellos. Si quieres relacionarte con tu familia y con tus amigos de manera amorosa, escribe esta meta y revísala diariamente. A lo largo del día, pregúntate: mis reacciones y mi comportamiento, ¿están construyendo relaciones que honran a Dios? Si la respuesta es afirmativa, alaba al Señor. Si la respuesta es negativa, toma nota de dónde necesitas mejorar, pide perdón cuando sea necesario y elabora estrategias con la Palabra de Dios en la mano (y tal vez con un compañero de confianza a quien rindas cuentas) sobre los cambios y mejoras posibles. Con el tiempo y la práctica, te resultará más fácil.

Registra por escrito cada vez que te enfadas. Apunta tus enojos para que aprendas todo lo posible sobre las situaciones que te llevan a sentirlos. Identifica tus momentos vulnerables para aprender de ellos y tratar de evitarlos o superarlos con más eficacia en el futuro. Intenta encontrar las raíces o las verdaderas causas de tu ira. Por ejemplo, gran parte de la ira se debe a traumas no resueltos, a enfados con Dios, contra tus padres, contra alguien que te agredió, etcétera. La ira también puede provenir del orgullo, de pensar que somos mejores que los demás y, por lo tanto, juzgarlos (por ejemplo, ira al volante: «Deberían manejar mejor [como lo hago yo]»).

Respira. Cuando empieces a sentirte enfadado o irritado, controla tu respiración. Incluso antes de ser conscientes de que estamos enojados, nuestra respiración se vuelve más rápida y superficial, lo que nos hace más propensos a perder el control de nuestro comportamiento. Cuando empieces a sentirte irritado, practica la respiración profunda (cinco segundos de inspiración por la nariz, dos segundos de retención del aire y cinco segundos de espiración lenta por la boca). Repite esta pauta unas diez veces. Esto proporcionará mucho oxígeno a tu cerebro para que puedas tomar una decisión bien razonada.

Haz una lista de cosas que puedes hacer. Escribe y guarda una lista de diez cosas que puedes hacer cuando te enfadas. Por ejemplo, las distracciones saludables o las salidas a la naturaleza son técnicas poderosas para controlar la ira. Algunas de las opciones más comunes son dar un paseo, hacer ejercicio, llamar a un amigo por teléfono, orar, reclamar tus promesas bíblicas favoritas, dibujar, escribir o crear algo, hornear o cocinar… Todo esto puede ser útil siempre que no se convierta en una evitación permanente. Tienes que volver al problema que causa la ira y abordarlo.

Piénsalo bien. Pregúntate: «Si reacciono con enfado ante esta situación, ¿qué pasará con mis relaciones, con el objetivo que trato de alcanzar, con las personas a las que quiero?». Piensa en los efectos inmediatos y a largo plazo de tu reacción. Pensar bien las cosas es un punto fuerte del cerebro humano. Utiliza el poder de razonamiento que Dios te ha dado para mantener la ira bajo control.

Sé responsable. Prepárate para posibles momentos de ira tomando el autocuidado muy en serio. Duerme lo suficiente, haz ejercicio, bebe agua y aliméntate adecuadamente. También es beneficioso tener pasatiempos saludables. Todas estas cosas reducen nuestra vulnerabilidad a la ira malsana y a otras emociones difíciles de gestionar.

Busca ayuda cuando la necesites. Si te cuesta controlar tu ira y te está causando problemas importantes en tus relaciones interpersonales o en tu trabajo, puede que haya llegado el momento de buscar ayuda profesional, ¡y no pasa nada! No estamos hechos para ir solos por la vida. No es una señal de fracaso acudir a un profesional en busca de ayuda, como tampoco se decepciona nadie cuando uno acude al médico si se siente enfermo.

Toma las medidas que el Espíritu Santo te pide que tomes hoy para superar la ira o ayudar a alguien con ira.

Vuelve a meditar en Santiago 1: 19-21 buscando a Jesús en el pasaje, y pensando en cómo aplicar el pasaje en tu vida diaria.

¿Cómo puedes prepararte para aplicar los principios bíblicos cuando te enojas?

¿Conoces a alguien que tenga problemas con la ira? ¿Cómo puedes ayudarle sin que parezcas condescendiente?

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
1er trimestre 2025 «RENOVAR LA MENTE»
Lección 07 «CALMAR LA MENTE AIRADA»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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