Muerte y sepultura
Después de encargar el cuidado de su madre a Juan, Jesús sabía que todo se había cumplido (Juan 19: 28). Había terminado por completo la obra que Dios le había encomendado. Naturalmente, Juan omitió muchos detalles y prefirió centrarse en la muerte de Jesús como el gran logro final de su vida. Jesús siguió demostrando su control sobre los acontecimientos a medida que se desarrollaban. En sus dos últimas declaraciones en la cruz, tomó la iniciativa.
Al declarar «tengo sed» (vers. 28), Jesús tomó la iniciativa de pedir de beber. Esto contrasta con la descripción que hacen los Evangelios sinópticos de los transeúntes o soldados que ofrecen el vino a Jesús (Mateo 27: 48; Marcos 15: 36; Lucas 23: 36). En esta escena se cumple la profecía del Salmo 69: 21. De los escritores de los Evangelios, solo Juan indicó que la esponja se colocó sobre hisopo para que llegara a Jesús (Juan 19: 29). Las cruces no eran tan largas, y el crucificado no quedaba muy alto; el hisopo o alguna hierba parecida al maíz habrían sido suficientes para alcanzar sus labios. Además, la mención del hisopo, que se usó para esparcir la sangre del cordero sobre los umbrales de las puertas, conecta directamente estos acontecimientos con la Pascua, recordándonos que Jesús es la verdadera ofrenda pascual (Éxodo 12: 22).
Habiendo recibido el vino agrio y cumplido plenamente su obra, Jesús exclamó triunfante: «Todo está cumplido» (Juan 19: 30). La cruz se convirtió inmediatamente en un lugar de victoria y triunfo, y los resultados repercuten a través del tiempo. Entonces Jesús inclinó la cabeza (vers. 30). Esta frase se utilizaba en el contexto de acostarse (Mateo 8: 20). De hecho, nadie le quitó la vida a Jesús; él la entregó por voluntad propia (Juan 10: 18).
En ese momento, los judíos pidieron que se retiraran los cuerpos de las cruces, porque ese sábado era especial: coincidía con el sábado de fiesta (ver Deuteronomio 21: 23). Viendo que Jesús estaba muerto, los soldados optaron por no romperle las piernas como hicieron con los crucificados a su lado (Juan 19: 31-33). La muerte en la cruz se producía por asfixia y a menudo duraba días. Romper las piernas de las víctimas les impedía a estas mover su cuerpo hacia delante para respirar, lo que aceleraba el proceso de la muerte. Como confirmación de que Jesús había muerto, un soldado le atravesó el costado y brotaron agua y sangre (vers. 34). Juan no explicó por qué el agua y la sangre eran significativas, aparte de decir que él personalmente lo vio y proporcionó la prueba de la muerte de Jesús. «Los expertos en medicina piensan que se trata del líquido del pericardio que habría salido mezclado con sangre» (Comentario bíblico Andrews, t. 2, p. 355).
Dos tímidos discípulos aparecen en escena para custodiar el cuerpo de Jesús. El lector no tiene información previa sobre José de Arimatea. La forma como Juan lo presenta es abrupta. Era discípulo, pero en secreto (vers. 38). En el momento en que el poder de los judíos sobre Jesús alcanza su punto álgido, José muestra su apoyo a Cristo. Nicodemo ha aparecido varias veces en la historia, pero siempre con dudas. Ahora lo vemos mostrar su apoyo de forma tangible (vers. 39).
La cantidad de especias utilizadas para el cuerpo de Jesús reflejaba un entierro hecho como para un rey (ver 2 Crónicas 16: 14). En su primer encuentro con Nicodemo, Jesús habló de su reino; aquí vemos que Nicodemo y José prepararon suntuosamente el entierro de Jesús (Juan 19: 38-42). Esto también refleja su papel como Rey. Al igual que María, estos dos discípulos demostraron su profundo amor por Cristo cuando lo prepararon para la sepultura (12: 1-8).
Medita nuevamente en Juan 19 e identifica dónde está Jesús en el texto.
- Con todo lo que Jesús tenía en mente, ¿qué podemos aprender de su tierno cuidado por su madre?
- ¿Hasta qué punto controlaba Jesús su muerte y hasta qué punto la controlaban otros?
- ¿En qué sentido puedes ver a Jesús en forma diferente o identificar algún rasgo nuevo de él?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2024.
4to trimestre 2024 «EL EVANGELIO DE JUAN»
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Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
