Había una vez un pueblecito que llevaba varios años sufriendo a causa de una sequía. Los árboles habían perdido ya sus hojas, y el río que una vez fluyera con agua fresca y limpia estaba seco, mostrando un lecho de arcilla agrietado en un patrón parecido a un tablero de ajedrez. Nadie sabía qué les había sucedido a los pájaros. Solo los buitres sobrevolaban el lugar, en busca de cadáveres de animales o de seres moribundos. Incluso la gente estaba tan delgada que parecían varas, apenas sobrevivían. Habiendo agotado todas sus opciones, los vecinos celebraron una reunión. «Vamos a orar para que llueva», sugirió una señora de edad. «Únicamente Dios puede ayudarnos en estos momentos, enviando lluvia». Decidieron juntarse todos para orar por la lluvia en la plaza del pueblo aquella noche. Entre las personas que se congregaban para orar se encontraba una niña que se aferraba fuertemente a un paraguas abierto. La multitud reunida no pudo evitar preguntarse por qué aquella niña llevaba un paraguas. Algunos tenían curiosidad, otros estaban incómodos y algunos incluso estaban enojados porque las varillas del paraguas los rozaban constantemente o les impedían ver. Finalmente, alguien preguntó: «Niña, ¿por qué tienes un paraguas abierto? ¿Acaso no ves que no llueve y que por eso mismo hemos venido aquí a orar? Solo un tonto estaría con un paraguas abierto en una noche clara como esta».
La fe es el mejor amigo del cristiano, incluso cuando no estamos preparados para el cambio.
La niña contestó: «Sé que Dios responderá nuestras oraciones y que va a llover, por eso traje el paraguas».
En la vida siempre hay cambios. Eclesiastés 3: 1 declara: «En este mundo todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre». Por tanto, en la vida siempre podemos esperar cambios. Más aún, los cambios se producen cuando menos lo esperamos. Y a pesar de que sabemos que es así, que vamos a vivir cambios y que vendrán inesperadamente, nos suelen encontrar sin estar preparados. Incluso los cambios que hemos estado esperando o por los que hemos estado orando, nos encuentran a veces fuera de juego. Uno puede llegar a pensar: «Si en la Vida los cambios están garantizados, ¿cómo es posible que nos sigan sorprendiendo cuando finalmente llegan?», La clave está en tener la misma mentalidad que la niña que asistió con su paraguas a orar por la lluvia. Preparación y fe; porque la fe es el mejor amigo del cristiano, incluso cuando no estamos preparados para el cambio.
Los cambios son inevitables, pero no existe una sola manera de afrontarlos. Reaccionar negativamente a los cambios sí es evitable. Siempre podemos elegir ser como los que no estaban preparados para lo que estaban pidiendo a Dios, o ser como la niña, que acudió fielmente preparada para el cambio que estaba anticipando.
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Lección de Escuela Sabática Para Jovenes Universitarios 2019.
2do trimestre 2019 “Estaciones de la vida”
Lección 3: «Preparación para el cambio«
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
