Romanos 8 es uno de los puntos culminantes de las Escrituras. Prácticamente nos suplica que nos regocijemos en la bondad de Dios. Empieza con la garantía de que no hay condenación para quienes están en Cristo (ver Rom. 8: 1) y finaliza con la promesa de que nada puede separarnos del amor de Dios en Cristo (8: 35-39). ¡Maravilloso! No hay condenación. No hay separación. Regocíjate en esto.
Por supuesto, muchas cosas suceden en la vida entre la promesa de Dios de no condenación y la seguridad que tenemos de que nada nos separará de su amor:
- Aprendemos a vivir nuestras vidas en sintonía con la ley divina, ya que el Espíritu nos da el poder (ver Rom. 8: 4).
- El Espíritu de Dios empieza a dar vida al cuerpo de muerte que estaba tan frustrado en nuestra etapa anterior (Rom. 7: 24; 8: 10-11).
- El mismo Espíritu nos ayuda a resolver la tensión entre nuestro deseo de hacer el bien y la debilidad de nuestra naturaleza pecaminosa, pues nos ayuda a hacer morir las obras de la carne (Rom. 8: 13).
- Mientras tanto, vivimos con la gozosa seguridad de que somos hijos de Dios y de que tenemos una herencia eterna (8: 14-17).
- Cuando sufrimos, confiamos en que Dios hará que todas las cosas resulten para bien (8: 28).
También gemimos, pero no lo hacemos solos. Gemimos con toda la creación mientras esperamos el momento cuando esta será liberada de la esclavitud de la corrupción a la gloriosa libertad de los hijos de Dios (ver Rom. 8: 19-23). Además, el Espíritu gime junto con nosotros, ayudándonos en nuestra gran necesidad (8: 26).
- Copia de tu versión preferida de la Biblia Romanos 8.
- Si tienes poco tiempo, escribe Romanos 8: 31-39.
- También puedes parafrasear el pasaje o hacer un bosquejo del capítulo.
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2021.
1er trimestre 2021 “Carta a los ROMANOS”
Lección 8 «¿AMOR INSEPARABLE«
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
