jueves , 28 mayo 2026

 

Lee el texto de esta semana: 1 Tesalonicenses 4

Con el corazón roto

Una de las situaciones más difíciles por las que he tenido que pasar fue la muerte de mi madre, que falleció a los cincuenta y seis años. Me sentí destrozado, con el corazón totalmente roto, y vi que vacilaba mi fe. Es cierto, yo era pastor y dirigía activamente iglesias, pero cuando esto sucedió, mi fe tocó fondo. Lo que empeoró aún más las cosas fueron los comentarios inútiles de amigos, de mis familiares e incluso de colegas míos en el ministerio. Tenían buenas intenciones y me ofrecían «palabras de aliento» como: «Volverás a verla», «Dios es tan bueno por permitir que se fuera tan rápido y sin ningún dolor» y «Todo va a estar bien con el tiempo». Aunque todas estas afirmaciones podían ser ciertas, había algo en ellas que no me parecía adecuado. Yo no quería esperar para volver a verla; ¡quería verla ya! ¿Dios era bueno por permitir que se fuera rápidamente? ¿Pero por qué tenía que irse? ¿Todo se arreglará con el tiempo? ¿En serio? «Para ti es fácil decirlo», pensaba yo. La verdad es que no quería oír nada de eso; lo que quería era ver a mi madre y estar con ella. Nunca sabemos cómo nos afectará el dolor hasta que lo experimentamos en carne propia. Desde entonces, he aprendido que el silencio es oro en momentos de amargo dolor. A veces, simplemente estar presente y no decir nada es la mejor ayuda y el apoyo de mejor calidad que podemos ofrecer.

Esta semana examinaremos cómo Dios nos acompaña en el valle del dolor y la pérdida. Nos centraremos en el sufrimiento que acompaña la muerte, aunque reconocemos que el duelo que afecta nuestro bienestar emocional y mental se produce no solo cuando muere un ser querido, sino también cuando se pierde un trabajo, la salud, una relación, etcétera. La pérdida es, por desgracia, una parte inevitable de la vida en este mundo imperfecto y lleno de pecado; sin embargo, en nuestra experiencia de amargura, el Señor desea estar con nosotros para traernos esperanza, paz e incluso alegría. Es un viaje arduo, pero Jesús ha prometido que, ante el dolor, nunca nos abandonará ni nos dejará solos.

  • Escribe 1 Tesalonicenses 4 utilizando la traducción que prefieras.
  • Si dispones de poco tiempo, céntrate en los versículos 13-18.
  • También puedes reescribir el pasaje con tus propias palabras, o hacer un esquema o mapa mental del capítulo.

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
1er trimestre 2025 «RENOVAR LA MENTE»
Lección 11 «AFRONTAR EL DUELO»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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