viernes , 16 octubre 2026

 

 

Lee el texto de esta semana: Efesios 2:19–3:7

El mismo motor

Mientras un padre y su hijo se dirigían a casa, el hijo observaba los automóviles que pasaban, buscando aquellos que fueran iguales al de su padre. De repente, el padre señaló un vehículo y exclamó: «¡Ese es igual a mi primer auto!». Cuando llegaron a casa, el padre mostró a su hijo el manual de su primer automóvil y el del actual. Le mostró cuidadosamente a su hijo las características de cada vehículo, destacando las cosas que eran iguales y lo que había cambiado. Cuando compararon los dos motores, todo era idéntico. Muchas cosas habían cambiado, pero no el motor.

Dios habló a través de los profetas tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Existe continuidad y armonía entre ambos testamentos porque el Espíritu Santo —la Fuente, o «Motor», de la inspiración divina— ha permanecido igual. El Espíritu Santo siempre da poder a los verdaderos profetas a través del don de profecía. También coloca a Cristo en el centro de los mensajes de los profetas, como deja claro el libro de Hebreos (1:1-3).

Una cuestión importante al leer el Nuevo Testamento es comprender las diferencias y similitudes entre profetas y apóstoles. Los profetas del Nuevo Testamento continuaron muchas de las mismas funciones que cumplían los profetas del Antiguo Testamento, con los que estamos bastante familiarizados. La palabra «apóstol», sin embargo, es un término del Nuevo Testamento, introducido por primera vez en los Evangelios. Entonces, ¿qué convertía a alguien en apóstol?

Los apóstoles eran «mensajeros» o «enviados» de Dios, que es el significado de la palabra griega apostolos. A lo largo de los cuatro Evangelios, la palabra «apóstol» se refiere a los doce discípulos. El resto del Nuevo Testamento respalda esta idea y la amplía, incluyendo a otros líderes de la iglesia que no formaban parte de los doce discípulos originales de Cristo.

Pablo se autodenominó apóstol doce veces en sus epístolas. En Romanos 1:1-2, relacionó su vocación apostólica y el contenido de su predicación con el mensaje de los profetas del Antiguo Testamento. Se presentó a sí mismo como apóstol de los gentiles (Rom. 11:13).

Pablo fue designado «por la voluntad de Dios» (1 Cor. 1:1). A diferencia de los sacerdotes, cuya designación estaba determinada por su pertenencia a una familia específica, Dios eligió a los profetas y a los apóstoles según su voluntad. Cuando se cuestionó el apostolado de Pablo, él defendió su vocación (1 Cor. 9:1-2). Pablo consideraba que su apostolado se basaba en la obra de Cristo, el fundamento de la iglesia (Efe. 2:20). Como receptores de la revelación de Dios, los apóstoles poseían el mismo nivel de inspiración que los profetas (Efe. 3:1-5).

En 2 Pedro 3:1-2, el apóstol se refiere a los profetas como antecesores cuyas palabras eran importantes, pero los apóstoles son presentados como investidos de la misma autoridad. Esos versículos se refieren a los tiempos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento. Los profetas actuaron como los mensajeros de Dios en la era del Antiguo Testamento, así como los apóstoles lo hicieron en la del Nuevo, pero hubo también personas que profetizaron o ejercieron el don profético sin ser apóstoles. Dicho de otro modo, el don de profecía no estaba limitado a los apóstoles en los tiempos del Nuevo Testamento. A su vez, no todos los profetas eran apóstoles (Hech. 15:32).

Sin el don de profecía otorgado a los apóstoles y a otros profetas, no hubiera existido una iglesia primitiva que llevara el evangelio al mundo. Solo a través del poder y la guía del Espíritu Santo pudo la iglesia cumplir su misión. A través de sueños y revelaciones, Dios indicó a sus mensajeros adónde ir (Hech. 10:1-23; 16:6-10). Inspirados por el Espíritu Santo, los profetas recordaron las palabras de Jesús y escribieron la historia de los Evangelios para que todo el mundo la leyera (Juan 14:26). El Espíritu Santo les enseñó verdades importantes y les reveló el futuro (Juan 16:13; Apoc. 1:1-3).

Al leer el Nuevo Testamento, observamos que Jesús era el centro de casi todo lo que escribieron. De una forma u otra, su vida, su muerte, su resurrección, su ministerio sacerdotal y su segunda venida eran su foco central.

Esta semana, examinaremos el don de profecía en el Nuevo Testamento, analizando qué hacían los profetas, quiénes actuaban como profetas, en qué se diferenciaban los profetas de los apóstoles y el peligro de los falsos profetas.

Haz un esquema o un mapa conceptual de Efesios 2:19–3:7. Identifica lo que se revela sobre el papel de los profetas en la iglesia primitiva.

Revisa el pasaje que has transcrito.

  • [Rodea] las palabras, frases o ideas que se repiten.
  • [Subraya] palabras o frases que sean importantes y significativas para ti.
  • Dibuja [flechas] para conectar palabras o frases relacionadas entre sí.

¿A qué conclusiones especiales parecen apuntar tus anotaciones en general?

 

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Lección – Inverso 2026.
4to. Trimestre 2026 «EL DON DE PROFECÍA»
Lección 04 « PROFETAS DEL NUEVO TESTAMENTO »
Colaboradores: Henry D. Gómez y Esther Jiménez

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