miércoles , 17 junio 2026

 

Lee el texto de esta semana: Jueces 1, 2

Probando a la generación siguiente

El 9 de agosto de 2011, Apple se convirtió en la mayor empresa del mundo por capitalización bursátil. La compañía había alcanzado la cima del éxito bajo el firme liderazgo de Steve Jobs, que había dirigido el desarrollo de productos innovadores de Apple como el iPod, el iPhone y el iPad. Sin embargo, pocas semanas después de que Apple alcanzara este increíble hito, Steve Jobs dimitió de su cargo de presidente ejecutivo debido al cáncer de páncreas que padecía. Cuando falleció, el 5 de octubre de ese mismo año, empresarios de todo el mundo debatían si la compañía sería capaz de continuar el legado de Steve Jobs bajo la presidencia de su sucesor, Tim Cook. Naturalmente, algunas cosas cambiaron bajo la dirección de Cook, pero algo importante no ha cambiado: Apple sigue siendo una de las compañías más valiosas del mundo.

Siempre que un pueblo pierde a un gran líder, la siguiente generación debe decidir si continuará la misión y hará suyos los valores que representaba. Al final del libro de Josué vemos a la nación de Israel en una posición de fuerza, lista para completar la obra que Dios les había encomendado, pero lo que sucede a continuación es como ver un choque de trenes a cámara lenta. El libro de los Jueces resume la condición de Israel al final de la vida de Josué y narra los acontecimientos siguientes. Muestra lo que sucede cuando el pueblo de Dios elige la obediencia parcial en lugar de la consagración total.

Ante la disyuntiva de continuar la conquista o conformarse con la tranquilidad inmediata, Israel eligió el camino fácil: se relajaron. Se sintieron cómodos cohabitando pacíficamente con tribus cananeas que estaban en abierta rebelión contra Dios. Rodeados de idolatría, no tardaron en sucumbir a sus seducciones. Dios les había dicho claramente: «Mi ángel irá delante de ti, y te llevará al país de los amorreos, hititas, ferezeos, cananeos, heveos y jebuseos, a quienes yo arrancaré de raíz. No sigas el mal ejemplo de esos pueblos. No te arrodilles ante sus dioses, ni los adores; al contrario, destruye por completo sus ídolos y piedras sagradas» (Éxo. 23: 23-24). El propósito de Dios para Israel era de largo alcance. Habían sido establecidos en Canaán para que fueran una luz para el mundo. Si se hubieran esforzado por conquistar a sus vecinos inmediatos, Dios les habría concedido mayores victorias sobre enemigos más poderosos. El propósito divino para ellos era el crecimiento continuo, pero Israel frustró ese propósito al elegir la complacencia.

El resultado fue un círculo vicioso y devastador que se repite con dolorosa regularidad a lo largo del libro de los Jueces. El primer paso comprometido fue casarse con los adoradores de ídolos. Como lo describe el Salmo 106: 35, «se mezclaron con los paganos y aprendieron sus costumbres». Una mala decisión llevó a otra y luego a otra. Casarse con cananeos introdujo la adoración de ídolos en Israel y la hizo conveniente, lo que llevó a prácticas rituales verdaderamente despreciables: «Adoraron ídolos paganos, los cuales fueron causa de su ruina, pues ofrecieron a sus hijos y a sus hijas en sacrificio a esos demonios. Derramaron sangre inocente, la sangre de sus hijos y sus hijas, y la ofrecieron a los dioses de Canaán» (Sal. 106: 36-38). El matrimonio mixto y la idolatría abrieron la puerta a las prácticas más corruptas y aborrecibles.

De generación en generación, Israel se fue hundiendo en la idolatría y alejándose cada vez más de Dios. Esto se convirtió en un ciclo generacional de apostasía, que los llevaba a ser subyugados por sus enemigos, después a arrepentirse y luego a ser liberados y vivir en libertad hasta que la apostasía se apoderaba de ellos nuevamente. Las mismas naciones a las que Dios les habría ayudado a someter se convirtieron en sus señores, oprimiéndolos repetidamente de generación en generación. Sin embargo, a pesar de su infidelidad, Dios no abandonó a Israel. Aunque les permitía cosechar las consecuencias de sus decisiones, los liberaba. Jueces es un libro lleno de traumas, desesperación y de las terribles consecuencias del pecado, pero también revela el amor y la misericordia de Dios hacia un pueblo que no lo amaba. En definitiva, es un libro sobre las decisiones y el impacto duradero que tienen en nuestras vidas.

Escribe de tu versión preferida de la Biblia Jueces 2: 11-23. O, si lo prefieres, puedes parafrasear el pasaje o hacer un esquema o un mapa conceptual de Jueces 1 y 2.

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
4to trimestre 2025 «EL LIBRO DE JOSUÉ»
Lección # 12 «PROBANDO A LA GENERACIÓN SIGUIENTE»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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