Lee el texto de esta semana: Josué 23, 24
Complacencia creciente
Al final de sus carreras, los líderes suelen buscar formas de consolidar su legado. Al prepararse para el traspaso de las responsabilidades, a veces hacen hincapié en sus logros y recuerdan a todo el mundo sus éxitos. Cuando Josué, a una edad avanzada, se preparaba para dejar sus responsabilidades, no tenía la carga de establecer su propio legado personal, sino que su atención se centró en la fidelidad de Dios y en las opciones que tenía ante sí el pueblo de Israel.
Como un corredor que pasa el testigo al siguiente compañero en una carrera de relevos, Josué estaba entregando una obra que debía continuar. Sabía que el propósito de Dios para Israel continuaría después de que su capítulo personal se cerrara, pues su capítulo era apenas una pequeña parte de una historia mucho más grande. Los líderes de cualquier organización, ya sea de una nación, de una empresa, de una iglesia, etcétera, comprenden que, a menos que logren transmitir sus valores y su misión a sus sucesores, su entidad estará a una sola generación de desaparecer. Josué estaba profundamente preocupado por el futuro de Israel. Reconocía con qué facilidad podían ellos mismos sabotear su propio destino.
La vida en Canaán era mucho más fácil que en el desierto. Atrás habían quedado los días en los que se preguntaban si el maná caería cada mañana, en los que observaban con creciente inquietud cómo disminuían las reservas de agua o se secaban los pastos. Las luchas a las que se habían enfrentado en el desierto y que los habían obligado a confiar en Dios disminuyeron considerablemente en su nuevo hogar. Allí, en la tierra que manaba leche y miel, podían dejar a un lado sus preocupaciones y confiar en los ritmos constantes del mundo natural para su sustento. Allí podían recuperar el control de sus vidas. Podían arar su propia tierra, producir sus propias cosechas y apacentar sus ganados sin la misma ansiedad. No tenían que preguntarse dónde acamparían después, porque tenían casas permanentes. La vida era buena, sobre todo porque, en su mayor parte, había sido despojada de lo desconocido. En su peregrinar por el desierto, habían controlado muy poco en sus vidas; aquí parecía que controlaban casi todos los aspectos. Esta mayor prosperidad trajo consigo una complacencia adormecedora y entumecedora, que a su vez los llevó a un declive espiritual gradual. Dios estaba presente, pero no lo sentían tan necesario para su existencia como antes. Era bueno tenerlo, pero su importancia disminuía para ellos a medida que prosperaban. Esta situación preocupaba a Josué, que veía a su pueblo acomodándose mientras partes de Canaán seguían aún sin conquistar. Parecían satisfechos estando el trabajo sin terminar.
Por un lado, Dios entregó la tierra de Canaán en manos de los israelitas y les dio descanso de sus enemigos (ver Jos. 21: 43-45); por otro lado, quedaban pequeños focos de resistencia, y las tribus israelitas aún tenían trabajo que hacer para expulsar a los cananeos restantes (15: 63; 16: 10; 17: 12-13). Israel había hecho una pausa para descansar una vez completada la mayor parte de la conquista, pero ese descanso comenzó a prolongarse hasta convertirse en un largo paréntesis. Habían conquistado a suficientes enemigos como para que los grupos restantes no supusieran una amenaza inminente, por lo que les resultaba fácil deponer las armas y no sentirse motivados para volver a levantarlas. Israel se contentó con cohabitar con las tribus cananeas que los rodeaban, a pesar de que Dios les había dicho explícitamente que las eliminaran por completo. Se contentaron con sumergirse en la dicha de una existencia pacífica después de toda una vida de peregrinación, dificultad y lucha.
Cuando Josué se dirigió a la nación en sus últimos discursos, el futuro del pueblo de Dios estaba en juego. Todo dependía de si serían leales a Dios. En sus últimos años, Josué hizo sus últimos llamamientos al pueblo al que amaba, recordándoles su misión e instándolos a que fueran fieles a Dios.
Escribe de tu versión preferida de la Biblia Josué 24: 1-15. O, si lo prefieres, puedes parafrasear el pasaje o hacer un esquema o un mapa conceptual de todo Josué 23 y 24.
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Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
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