Lee el texto de esta semana: Josué 20
Un juicio justo
Un refugio es un lugar donde las personas pueden ir para estar protegidas cuando sus vidas corren peligro. Quienes viven en zonas de conflicto saben lo importante que es encontrar refugio rápidamente cuando suenan las sirenas de un bombardeo. Los refugios antiaéreos suelen construirse bajo tierra, con paredes fuertemente reforzadas que no se derrumban con facilidad. En tiempos de guerra, cuando solo unos segundos pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte, es esencial saber dónde están los refugios y cuál es la ruta más rápida para llegar a ellos. En algunas comunidades donde los bombardeos son frecuentes, las aulas se instalan dentro de los refugios para que los profesores puedan dar clase con menos peligro. Los refugios salvan vidas en momentos de catástrofes. En algunos lugares se construyen refugios para huracanes, tornados y ciclones, para que la gente se refugie en ellos de la violencia del clima. Un refugio sólido es un lugar donde la gente puede descansar y sentirse segura.
De acuerdo con las instrucciones que Dios había dado a Moisés (ver Núm. 35: 6), Josué designó seis ciudades de refugio donde toda persona acusada de asesinato podría encontrar protección de quienes podrían querer vengarse. Las ciudades de refugio eran lugares donde se podía investigar la causa de la muerte y hacer justicia. Esta disposición proporcionaba un proceso judicial que ayudaba a protegerse de los familiares que abusaban de su derecho a vengarse del asesino. Cuando el culpable entraba en la ciudad de refugio, quedaba a salvo de la venganza hasta que recibía una audiencia justa ante un panel judicial. Mientras que el asesinato premeditado debía castigarse con la muerte, a los responsables de muertes accidentales se les imponía una pena mucho más clemente.
Las ciudades de refugio simbolizaban el valor infinito que Dios concede a la vida humana. En los casos de asesinato intencionado, había que reconocer el grave delito de quitar la vida. Los homicidios culposos se castigaban con la muerte. Dado que Dios creó a las personas a su imagen y semejanza, se toma muy en serio el asesinato. Como Dios había dicho a Noé muchos siglos antes: «Si alguien mata a un hombre, otro hombre lo matará a él, pues el hombre ha sido creado a imagen de Dios» (Gén. 9: 6). Sin embargo, para que no se castigara injustamente a personas inocentes, las ciudades de refugio proporcionaban un proceso en el que los acusados podían recibir una audiencia minuciosa y justa. Estas ciudades se establecieron para salvar la vida de todo aquel que hubiera quitado la vida a otra persona por accidente.
Las ciudades de refugio estaban repartidas por todo el territorio de Israel, de modo que cualquiera podía llegar a una de ellas en un día de viaje. Tres de estas ciudades estaban situadas al oeste del Jordán y tres al este. Los caminos que conducían a estas ciudades estaban bien mantenidos, para garantizar un acceso sin obstáculos. Se habían colocado grandes señales a lo largo del camino, para que fuera seguro y bien visible. Las ciudades estaban abiertas a todo el mundo: ciudadanos israelíes, inmigrantes o viajeros que estaban de paso por aquella tierra. Cuando alguien era sospechoso de asesinato, tenía que apresurarse sin demora a la ciudad de refugio más cercana. No había tiempo para comer o descansar hasta que se encontraba a salvo dentro de los muros de la ciudad.
Si el acusado era declarado inocente de asesinato intencionado, se le perdonaba la vida, aunque la protección solo podía garantizarse dentro de los muros de la ciudad de refugio. El que salía del territorio de la ciudad de refugio lo hacía a riesgo de su propia vida, pues lejos de él estaba solo y, hasta que muriera el sumo sacerdote, el llamado «vengador de la sangre» (es decir, el pariente de la víctima) era libre de matarlo si lo encontraba. Tras la muerte del sumo sacerdote, la persona exonerada era finalmente libre de volver a casa (ver Núm. 35: 25-28).
Las ciudades de refugio eran algo más que lugares para escapar de la venganza. Cada ciudad era un microcosmos del plan de salvación, que ofrecía una visión del amor de Dios y un paralelismo de cómo él extiende su gracia a los pecadores a través de Jesús.
Escribe de tu versión preferida de la Biblia Josué 20: 2-6. O, si lo prefieres, puedes parafrasear el pasaje o hacer un esquema o un mapa conceptual de todo Josué 20.
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
4to trimestre 2025 «EL LIBRO DE JOSUÉ»
Lección # 10 «LECCIÓN»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
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