Lee el texto de esta semana: Josué 13, 14
Un guerrero anciano
Si hay un momento para aprovechar la fuerza de los jóvenes y los adultos jóvenes es en tiempos de guerra. Los ancianos no son los típicos reclutas de un ejército. Sin embargo, vemos en el libro de Josué que Caleb tenía ochenta y cinco años cuando se ofreció voluntario para luchar contra los gigantes más grandes de Canaán y reclamar para sí el territorio montañoso más duro de la zona (ver Jos. 14: 6-12). Lo natural hubiera sido dejar las batallas más feroces para guerreros más jóvenes, pero, incluso en sus últimos años, Caleb se alistó para el desafío más duro de su vida. Josué tampoco era un hombre joven cuando dirigió la conquista de Canaán (ver Jos. 13: 1). En el ejército israelita, jóvenes y ancianos permanecían unidos en una misión común. La historia de Caleb y Josué nos recuerda que Dios acepta el trabajo de las personas en todas las etapas de la vida. A veces, uno aporta su mejor contribución cuando menos lo espera.
Nadie debería excusarse descuidadamente a sí mismo o a otros de la obra del Señor solo porque se considere demasiado mayor o demasiado joven. Con frecuencia, las iglesias se enzarzan en guerras generacionales en las que los más jóvenes impulsan sus ideas y los mayores defienden sus tradiciones, pero la iglesia debería ser un lugar en el que jóvenes y mayores aprendieran a trabajar juntos y a crear estrechas relaciones intergeneracionales. El mundo actual es vertiginoso y cambia constantemente, lo que a veces puede dejar atrás a las personas mayores en lo que respecta a los últimos avances tecnológicos y a otras tendencias; sin embargo, en lugar de ver a las personas mayores como un estorbo para el avance, hay que considerarlas como uno de los activos más importantes de la iglesia. Los jóvenes, con su fuerza y su perspicacia, también son necesarios. Hombro con hombro y cooperando unos con otros, jóvenes y mayores pueden obtener grandes victorias en la obra del Señor.
Saber la edad que tenía Caleb cuando heredó Hebrón ayuda a formar una importante cronología. Caleb dijo que tenía cuarenta años cuando sirvió como uno de los doce espías que pisaron por primera vez Canaán (ver Jos. 14: 7). Caleb y Josué tenían mucha fe en que Dios les daría la tierra, pero los otros diez espías convencieron al campamento de Israel de que conquistar Canaán era imposible. A causa de su incredulidad, Dios retrasó su entrada en Canaán y devolvió a los israelitas al desierto. Cuarenta y cinco años después, Caleb recibía por fin lo que siempre había creído. Durante todos los años de peregrinación por el desierto, Caleb nunca perdió la fe en las promesas de Dios. Sabemos que los israelitas vagaron por el desierto treinta y ocho años después de los sucesos de Cades-barnea (ver Deut. 2: 14), así que basta con restar treinta y ocho a cuarenta y cinco para concluir que Caleb heredó Hebrón unos siete años después de que Israel cruzara finalmente a Canaán. Esto significa que las guerras descritas en el libro de Josué duraron seis o siete años. Estas batallas requirieron gran resistencia y perseverancia.
Josué finalmente había conquistado Canaán: «Así pues, Josué conquistó toda la tierra, de acuerdo con todo lo que el Señor le había dicho a Moisés. Luego la repartió entre las tribus de Israel, para que fuera su herencia. Después de eso hubo paz en la región» (Jos. 11: 23). Sin embargo, aunque la obra de conquista de Josué había concluido, quedaban focos de enclaves cananeos: «Cuando Josué era ya muy anciano, el Señor le dijo: “Tú estás ya entrado en años, y todavía queda mucha tierra por conquistar; […] reparte esta tierra entre las nueve tribus y la media tribu de Manasés”» (13: 1, 7). Los rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu de Manasés ya habían recibido su heredad al este del Jordán, así que lo que quedaba era dividir la tierra al oeste del Jordán entre las tribus restantes que aún no habían recibido su herencia. Después sería responsabilidad de cada tribu expulsar a los cananeos restantes de sus respectivos territorios. Caleb fue el primero en recibir su herencia. Pidió a Josué que le diera la región montañosa donde vivían los descendientes del gigante Anac, es decir, una tierra habitada por una tribu de gigantes. Caleb dijo: «Yo espero que el Señor me acompañe y me ayude a echarlos de allí, como él lo ha dicho» (14: 12). Así fue como, después de cuarenta y cinco años, Caleb recibió por fin la recompensa que Dios le había prometido en Cades-barnea.
Escribe de tu versión preferida de la Biblia Josué 14: 6-14. O, si lo prefieres, puedes parafrasear el pasaje o hacer un esquema o un mapa conceptual de todo Josué 13, 14.
Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
4to trimestre 2025 «EL LIBRO DE JOSUÉ»
Lección # 09 «UN GUERRERO ANCIANO»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
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