miércoles , 15 abril 2026

 

Lee el texto de esta semana: Josué 7, 8

Una derrota inesperada

¿Alguna vez te sentiste tan seguro de ti mismo, después de un triunfo, que te lanzaste de cabeza al siguiente reto solo para enfrentarte a una humillante derrota? Josué podría entenderte. Sintiendo en las alas el impuso de su extraordinario reciente éxito en Jericó, los israelitas estaban confiados ante su próxima batalla. Olvidando sus propias debilidades, se lanzaron al ataque esperando otra gran victoria. Josué no perdió tiempo en enviar espías desde las humeantes ruinas de Jericó para explorar su próximo objetivo.

El viaje de Jericó a la ciudad de Hai era una subida de aproximadamente 19 km. Hai estaba enclavada en la región montañosa, a unos 790 m sobre el nivel del mar, mientras que Jericó se encontraba en el valle del Jordán, a unos 274 m bajo el nivel del mar. Cuando los espías exploraron Hai, llegaron a la conclusión de que los habitantes de esa ciudad eran pocos y podían ser derrotados fácilmente. Al regresar, aconsejaron a Josué que enviara una pequeña fuerza de combate, apenas una sección del ejército de no más de tres mil hombres, para llevar a cabo esta misión aparentemente sencilla. Josué accedió y permitió que el resto del pueblo se quedara descansando en el campamento.

A pesar de la confianza inicial de Israel, el pueblo de Hai hizo retroceder rápidamente a las fuerzas israelitas y las envió a una desastrosa retirada colina abajo, matando a treinta y seis hombres por el camino. Aunque treinta y seis bajas puede parecer un número pequeño comparado con otras batallas, debemos recordar que Israel acababa de tomar Jericó sin sufrir una sola baja. Pensaban que Dios pelearía estas batallas por ellos y, claramente, no lo había hecho en Hai de la misma manera que en Jericó.

Este inesperado revés desmoralizó a todo el campamento israelita y causó una profunda preocupación por lo que sucedería a continuación. Los israelitas vivían en un campamento no fortificado que ni siquiera tenía murallas. ¿Llegarían a los cananeos las noticias del fracaso de Israel y se aprovecharían de la posición expuesta de ellos? Sin la protección de Dios, tenían motivos para preocuparse por su seguridad. En señal de total horror por esta devastadora pérdida, Josué se rasgó las vestiduras, se echó polvo sobre la cabeza y se postró sobre el rostro en tierra ante el Arca del pacto, clamando a Dios: «¿Para qué? […] ¿Qué puedo decir? […] ¿Qué será de tu gran nombre?» (Jos. 7: 7-9). Es una oración franca, llena de lágrimas y preguntas difíciles. En la privacidad de la oración, Josué llega a expresar alguna duda: «¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán!» (v. 7). Fue, en efecto, un momento bajo para él, pero acudió a Dios en busca de refugio.

A veces, Dios debe permitir que suframos una derrota aplastante antes de que estemos dispuestos a frenar, hacer examen de conciencia, plantearnos preguntas difíciles y esperar en él. Son estos valles oscuros de nuestras vidas los que se convierten en momentos decisivos en los que encontramos nuevas respuestas y una nueva dirección desde lo Alto. Lo que sucedió en Hai nos desafía a tener cuidado de no atribuirnos demasiado mérito por nuestros éxitos, no sea que Dios permita que nos suceda una vergonzosa derrota para que volvamos a él. Esta historia nos invita a mantenernos humildes y a confiar en Dios por mucho éxito que tengamos. A veces, nuestras experiencias personales «de Jericó» nos hacen sentir demasiado seguros en nosotros mismos y confiados en que todo nos saldrá bien en el futuro. De repente, avanzamos confiando en nuestra propia sabiduría y fuerza, y perdemos nuestra dependencia de Dios.

Como revela esta historia, los espías subestimaron la fuerza de Hai y sobreestimaron la de Israel. Cuando Israel volvió a Hai por segunda vez, Josué llevó más de diez veces el número de guerreros que había enviado la primera vez. En la segunda batalla cayeron doce mil personas de Hai. Sin embargo, el verdadero problema causante de la derrota anterior de los israelitas no tenía nada que ver con los números; tenía que ver con que Israel había roto su pacto con Dios por causa del pecado de un hombre. Josué estaba a punto de recibir las respuestas a sus desconsoladas preguntas, y no serían agradables.

Escribe de tu versión preferida de la Biblia Josué 7: 1-13. O, si lo prefieres, puedes parafrasear el pasaje o hacer un esquema o un mapa conceptual de Josué 7, 8.

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
4to trimestre 2025 «EL LIBRO DE JOSUÉ»
Lección # 06 «UNA DERROTA INESPERADA»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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