Ciertos clichés cristianos hacen mal queriendo hacer bien. Uno de ellos, por ejemplo, es que «Dios no nos tienta, pero nos prueba». Aunque esto técnicamente es verdad, ha llevado a algunos creyentes a decir que «si el diablo hace que suceda algo malo, es una tentación; si Dios lo causa, es una prueba , y esta es una simplificación en la que se combinan dos conceptos que no son idénticos y que nubla nuestra percepción tanto de Dios como de la realidad. Bíblicamente hablando existe una gran diferencia entre ambas cosas, y esta merece nuestra atención más detallada.Santiago dice que Dios no puede ser tentado «ni tienta a nadie» (Sant. 1: 13).
Como vimos en la lección de ayer, la tentación se vale del engaño, bien sea cuando satisfacemos de forma perjudicial un deseo legítimo o cuando caemos en la complacencia de un deseo dañino. Dicho de otra manera, el objetivo de la tentación es dañar: dañar al individuo, al menos aquí y ahora, aunque preferiblemente de forma permanente. Atraída por su deseo de «algo más», Eva comió del fruto prohibido y el diablo obtuvo acceso a nuestro mundo y a nuestros corazones. Embriagado de poder, de manera irresponsable y dominado por el deseo sexual, David tomó a Betsabé y se aseguró de que su esposo muriera, ocasionando así un sufrimiento incalculable en todo su reino y en su familia, hiriendo en lo más Íntimo al pueblo escogido de Dios. Temiendo por su vida y posiblemente por su reputación, Pedro negó siquiera conocer a Jesús, cumpliendo una lamentable profecía pronunciada solo unas horas antes, lo que le produjo una tremenda sensación de culpa y vergüenza. En todos estos ejemplos, el propósito de la tentación se revela cuando se concibe: relaciones destruidas, daño at cuerpo y a la mente, y alejamiento de Dios.
En contraste, Dios ha dicho explícitamente que él prueba a su pueblo. Cuan- do les dio el maná a los israelitas durante el sábado, lo hizo para probarlos, quería ver quién obedecía sus instrucciones y quién no (Éxo. 16: 4). De hecho, toda la experiencia del desierto fue una prueba (Deut. 8: 2). El objetivo siempre ha sido claro: «Conocer sus pensamientos saber si iban a cumplir o no sus mandamientos». En lugar de hacer daño, el objetivo de las pruebas es que tengamos una percepción correcta de nosotros mismos, profundizar nuestra dependencia de Dios y confianza en él, y mostrar cuán digno de confianza es. Cada prueba que aparece a lo largo de las Escrituras se puede reformular como una pregunta que nace en el corazón de Dios. A Abraham le preguntó: ¿Me confiaras a tu amado hijo Isaac? A Israel le preguntó: confiaras en mí:›oro guiarte y proveer para ti en el desierto! A Marta y María, lamentando la muerte de su hermano, les preguntó: confiaron en mí cuando mis tiempos no son los de ustedes? En todas las pruebas, Dios desea mostrarle al creyente tres cosas:lo que hay en su corazón, su verdadera necesidad, y que Dios es un lugar de descanso digno de confianza al que acudir.
Es verdad que «Dios no nos tienta, pero nos prueba». El propósito del diablo al presentar la tentación es destruir; pero el propósito de la prueba es que las manos de Dios preserven y edifiquen.
Luego de haber repasado el texto que has copiado y resaltado,
- ¿Qué enseñanzas especiales crees que refleja?
- ¿Qué preguntas te surgen? ¿Qué partes te parecieron difíciles?
- ¿Qué otros principios y conclusiones encuentras?
- ¿Cómo afecta a la imagen que tenemos de Dios el hecho de saber la diferencia entre ser probados y ser tentados?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2022.
2do. trimestre 2022 INVERSO
Lección 2 «NO TODO ES LO QUE PARECE»
Colaboradores: Estrellita Hernández & Mayra Cota
