
«Habla tú mismo con los israelitas y diles lo siguiente: “Deben respetar mis sábados, porque esa es la señal entre ustedes y yo a través de los siglos, para que se sepa que yo, el Señor, los he escogido a ustedes”» (Éxo. 31: 13).
La declaración, sin duda es enfática y restrictiva. Es enfática en el sentido de que Dios le está ordenando a su pueblo que guarde el sábado. Esta no es una propuesta opcional sino una orden divina. También es restrictiva: debemos guardar solo el sábado y no guardar ningún otro día. No debemos tomar nuestra relación con Dios como mejor nos plazca y, como Caín, traer a Dios sacrificios a nuestro antojo. «El Señor ya te ha dicho, oh hombre, en qué consiste lo bueno» (Miq. 6: 8). Debemos hacer «la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta» (Rom. 12: 2).
Guardar el sábado
De todas las palabras que Dios pudo haber usado con respecto a nuestra relación con el sábado, eligió la palabra «guardar». La connotación de esta palabra es que el sábado es un tesoro. Aunque algunos han terminado tomando al sábado como una regla que debe seguirse, un retraso semanal en la búsqueda de las riquezas o el éxito, o una penalización heredada por la caída en pecado de Adán y Eva, el sábado es para Dios una posesión preciada que debe guardarse a riesgo de perderse.
Este tesoro no se debe guardar bajo fuerza bruta. No atesoramos el sábado enterrándolo bajo tierra. La implicación de la palabra es que guardamos el sábado atesorándolo en nuestra mente. En otra parte, la Biblia dice: «Acuérdate del sábado, para consagrarlo» (Éxo. 20: 8, NVI). Atesorar el sábado significa que, en todo lo que pensamos, hacemos y planificamos, pensamos primero en el sábado.
Una señal entre ustedes y yo
Además de ser un tesoro, el sábado también es una señal entre dos partes: Dios y co su pueblo. El texto implica que el sábado es la señal de un pacto. Sin embargo, muchas veces en las Escrituras cuando se usa esta palabra, se refiere a prodigios milagrosos que Dios ha llevado a cabo. En el Antiguo Testamento, a menudo se habla de las señales que Dios hizo a través de las manos de Moisés durante la liberación de Israel de Egipto. Aunque el sábado es ciertamente un recordatorio del pacto de Dios con nosotros para asegurarnos la salvación, también es un recordatorio de las obras milagrosas de la creación, cuando su sola palabra estableció los cielos y los fundamentos de la tierra.
- El sábado como un recordatorio de la creación rememora el poder milagroso de Dios para crear y recrear.
- El sábado como un recordatorio de su pacto para salvarnos rememora su poder milagroso para salvar y redimir.
Así, el sábado es un recordatorio de la creación y de la redención.
Es importante tener en cuenta que el sábado no fue diseñado solo para los israelitas. Dios dijo que la señal debía ser entre él y su pueblo a lo largo de sus generaciones.
Hay un componente de enseñanza en el sábado. Parte de su diseño consistía en servir como un mecanismo de enseñanza para la próxima generación, con el propósito de que nuestros hijos conocieran el deseo de Dios de tener comunión con nosotros. Por lo tanto, el sábado debía ser el fundamento de la educación. Fue diseñado para proporcionar a los padres la oportunidad de ser los primeros maestros del niño y hacer del conocimiento de Dios como Creador y Redentor las primeras lecciones de aprendizaje. Este método educativo debía preservarse desde los primeros padres hasta la última generación de la familia humana.
Después que hayas repasado el pasaje bíblico de esta semana,
- ¿Qué te parece lo que has marcado o subrayado y relacionado?
- ¿Qué preguntas te surgen después de haber estudiado ese pasaje?
- ¿Cuáles son las partes del pasaje que te parecen más difíciles?
- ¿Qué otros principios y conclusiones puedes identificar en este texto bíblico?
- ¿Qué elementos de tu experiencia con el sábado mantienen el propósito educativo original de Dios?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2020.
4to trimestre 2020 “Los Principios De La Educación”
Lección 9: «LA EDUCACIÓN Y EL SÁBADO«
Colaboradores: Hidai Juarez S & Misael Morillo