Aunque los filósofos griegos, como Sócrates y Platón, no tenían una revelación especial de Dios, eran grandes observadores. Ellos vieron que, con el paso del tiempo, la materia se deteriora. También vieron que el cuerpo material tiende a las más bajas pasiones. Concluyeron, por lo tanto, que el cuerpo y el tiempo son inherentemente malos, así que su objetivo era deshacerse del cuerpo físico, para escapar de las limitaciones del tiempo y el espacio. De esta forma, podrían librarse de las malas pasiones y de las inevitables consecuencias de la materia y el tiempo.
Los pensadores griegos y romanos creían que la humanidad se compone de dos entidades separables: el cuerpo físico, material, mortal y corruptible con todos sus vicios, y el alma pura e inmaterial que reside dentro del cuerpo. William Barclay escribió: «El mal del cuerpo se convirtió en una de las ideas dominantes del pensamiento griego: soma/sema, el cuerpo es una tumba, decía el credo órfico. […] Epicteto decía que se avergonzaba de tener un cuerpo, que era una “pobre alma encadenada a un cadáver”. […] Séneca habló de “la morada detestable” del cuerpo y de la carne vana en la que está prisionera el alma. […] “El desdén de la carne —decía Marco Aurelio—, sangre, huesos y la red, una madeja retorcida de nervios, venas, arterias”» (Flesh and Spirit: An Examination of Galatians 5: 19-23 [Nashville: Abingdon, 1962], pp. 10, 11). Platón concluyó que «ningún hombre puede ser amante de la sabiduría y amante del cuerpo» (ibid., p. 11). Sócrates escribió que «el alma está contaminada por el cuerpo. Si alguna vez hemos de saber algo, debemos liberarnos del cuerpo. El cuerpo es el grillete del alma» (ibid.). Filón de Alejandría exclamó: «El cuerpo es una prisión y un cadáver» (Oscar Cullmann,
«¿Inmortalidad del alma o resurrección de los muertos?», ibid.).
El teólogo protestante Oscar Cullmann escribió un tratado en el que traza un marcado contraste entre la manera en que Jesús y el filósofo griego Sócrates veían la muerte (Immortality of the Soul or Resurrection of the Dead? [Londres: Epworth, 1958], pp. 19-27). Cuando Jesús se reunió con sus discípulos en el Getsemaní, enfrentó la muerte con temor, viéndola como un enemigo mortal (1 Cor. 15: 26). Se estremeció de miedo mientras sudaba grandes gotas de sangre (Luc. 22: 44). Por otro lado, Sócrates consideraba la muerte como una amiga, y animó a sus discípulos a beber cicuta para poder liberar sus almas de las cadenas del cuerpo y así experimentar la verdadera libertad. El apóstol Pablo no creía en la muerte como la emancipación del alma del cuerpo, sino como el momento en que «la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rom. 8: 21, NVI). Él sabía que «la creación entera se queja y sufre como una mujer con dolores de parto […], esperando el momento de ser adoptados como hijos de Dios, con lo cual serán liberados nuestros cuerpos» (Rom. 8: 22-23).
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2022.
3er. trimestre 2022 INVERSO
Lección 13 «¿SÓCRATES O JESÚS?»
Colaboradores: Israel Esparza y Mayra Cota
