Las fuerzas especiales del cielo
Si visitas alguna catedral o museo de arte donde se expongan pinturas cristianas antiguas, es posible que te encuentres con ángeles representados como bebés gordos que flotan sobre las nubes. Se cree que esta práctica se originó en la época del Renacimiento, cuando los artistas solían inspirarse en el antiguo arte griego y romano, que con frecuencia representaba a Cupido, el dios del amor, como un niño alado. Es posible que algunos pintores eligieran representar a los ángeles como bebés para resaltar su inocencia y pureza. La Biblia, sin embargo, pinta una imagen muy distinta de los santos mensajeros.
Por las Escrituras sabemos que los ángeles son seres creados, sobrenaturales y celestiales que poseen un poder extraordinario. Piensa que, en una sola noche, un ángel del cielo destruyó a todo el ejército asirio, compuesto por 185,000 soldados (2 Rey. 19: 35). Las fuerzas celestiales de Dios están formadas por millones (Dan. 7: 10) de ángeles deseosos de acudir a sus misiones y cumplir sus órdenes. También se nos dice que, a veces, los ángeles aparecen revestidos de un intenso resplandor: brillan con «la gloria del Señor» (Luc. 2: 9), lo que con frecuencia sobresalta y asusta a las personas a las que se aparecen (Mat. 28: 2-4).
Los ángeles tienen alas y pueden volar velozmente (Éxo. 25: 20; Eze. 10: 5-21; Isa. 6: 2-6; Dan. 9: 21), pero en muchos relatos bíblicos se presentan con apariencia humana (Gén. 19: 1-16; Heb. 13: 2), lo que nos indica que pueden cambiar sobrenaturalmente de aspecto. Los ángeles han desempeñado un papel fundamental en el gran conflicto desde el principio. Al fin y al cabo, Satanás era un querubín cubridor llamado Lucifer, uno de los ángeles de mayor rango, y la rebelión empezó con él antes de extenderse a un tercio de todos los ángeles (ver Ap. 12: 4, 9). Los que permanecieron leales a Dios cumplen diversos deberes en el cielo y en la tierra, que los mantienen ocupados yendo y viniendo entre ambos (Gén. 28: 12). Estos poderosos seres se dedican por completo a cumplir la misión de Dios de salvarnos a ti y a mí (Sal. 103: 20, 21). Su trabajo incluye entregar información desde el salón del trono al creyente (Dan. 10: 11), servir como agentes del juicio de Dios (2 Sam. 24: 16; 2 Tes. 1: 6-8), proteger al pueblo de Dios y librarlo del daño en las circunstancias más extremas (Dan. 6: 22; Hech. 5: 19, 20; 12: 7-10), todo según la voluntad de Dios.
En su infinita sabiduría, Dios hizo participar a los ángeles no caídos en su obra de redención. Ellos tienen vista de primera fila y la experiencia de cómo se ve y se siente vivir en medio de este conflicto. Actualmente son testigos de los resultados de la rebelión de su antiguo líder. Al mismo tiempo, pueden contemplar la misericordia y la gracia de Dios en acción al ver la maravillosa obra realizada por el sacrificio y el ministerio de Jesús como Sumo Sacerdote. Nunca experimentarán personalmente la salvación del pecado, pero comprenden mejor la profundidad del amor de Dios por sus criaturas al ser testigos de todo lo que él hace para salvar a los pecadores.
Es fascinante saber que tenemos a estos seres celestiales como ayudantes y protectores, aunque no los veamos. No estamos solos en la guerra espiritual contra Satanás y el pecado. Todo el cielo se vuelca en ayuda y apoyo a los hijos amados de Dios.
Luego de haber repasado el texto que has copiado y resaltado:
- ¿Qué enseñanzas especiales crees que refleja?
- ¿Qué preguntas te surgen?
- ¿Qué partes te parecieron difíciles?
- ¿Qué otros principios y conclusiones puedes identificar?
- ¿De qué manera el hecho de saber que los ángeles luchan por nosotros, nos apoya y nos protegen, afecta a la forma en que percibes las batallas espirituales que enfrentas?
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