La orden de amar
de Dios. Deuteronomio 30: 16 puede sonar bastante fuerte cuando Moisés dice: «Hoy te ordeno que ames al Señor tu Dios, […] que cumplas sus mandamientos, […] y el Señor tu Dios te bendecirá» (NVI). ¿Desde cuándo es posible ordenar que se ame? Ordenar la obediencia a las leyes tiene sentido en el contexto de la relación de un ciudadano con el gobierno, pero ¿ordenar que se ame? ¿Dónde quedaron la misericordia y la gracia de Dios? ¿Desde cuándo recibimos bendiciones a través de nuestras obras de obediencia? Son preguntas legítimas que nos surgen tras leer el texto.
Como ya hemos señalado, el Deuteronomio fue el último llamado al pueblo de Dios, que pronunció Moisés justo antes de morir. En él les
recordó su historia más reciente: su éxodo de Egipto, su alianza con Jehová, su peregrinación por el desierto y su aprendizaje y crecimiento
en la comprensión de la voluntad de Dios. Está claro que no se estaba dirigiendo a personas que no sabían nada de Dios, sino a un pueblo
bien familiarizado con las verdades reveladas del Cielo (Deut. 29: 29). Con sus propios ojos habían visto la poderosa mano de Dios actuar en
su favor mediante intervenciones sobrenaturales y manifestaciones visibles de su cuidado, su gracia, su gloria y su presencia. En otras palabras, cuestionar la existencia de Dios o dudar de su dignidad para ser adorado no tendría sentido en este momento de su viaje. No estaban en el comienzo de su relación con Dios, sino en un punto de renovación del compromiso, al igual que una pareja de esposos celebra aniversarios y reafirma mutuamente su amor no una sola vez, sino una y otra vez. El mandamiento de amar a Dios era el profundo estímulo de Moisés a su pueblo, y su firme y paternal llamado a que eligieran la fidelidad continua a Dios, porque Dios había demostrado repetidamente que era digno y continuamente fiel a ellos.
Entonces, ¿Qué hay de las bendiciones y las maldiciones? Sabemos por otros pasajes que Dios se preocupa por todas las criaturas y envía
bendiciones generales a toda la humanidad (Mat. 5: 45); sin embargo, en la dinámica del gran conflicto hay reglas que rigen el compromiso celestial y las consecuencias para los actos correctos e incorrectos practicados por agentes morales libres. En el caso de Israel, las bendiciones especiales divinas solo se podían conceder mediante el pacto y con el propósito de que Dios fuera glorificado entre las naciones del mundo.
No tenían nada que ver con ganarse el favor divino. Por un lado, las maldiciones son una herramienta educativa, un método de enseñanza;
por otro, Dios simplemente permite que las consecuencias naturales de la rebelión deliberada sigan su curso. Cuando se entienden en su contexto, las bendiciones y las maldiciones de Dios y el mandamiento de amar a Dios están verdaderamente en plena armonía con el evangelio.
Luego de haber repasado el texto que has copiado y resaltado:
- ¿Qué enseñanzas especiales crees que refleja?
- ¿Qué preguntas te surgen?
- ¿Qué partes te parecieron difíciles?
- ¿Qué otros principios y conclusiones encuentras?
- ¿De qué manera te ha demostrado Dios que es digno de tu devoción y lealtad
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