Dios nos dio el sistema del diezmo como un regalo. No solo enriquece nuestra fe, sino que también apoya la obra de Dios en la tierra. El diezmo es sagrado y pertenece a Dios; retenerlo es robarle, y robar a Dios tiene consecuencias graves. Malaquías 3: 8 es muy claro tanto en la pregunta que plantea como en la respuesta que ofrece: ¿robará un hombre a Dios reteniendo el diezmo y las ofrendas y se saldrá con la suya? No, desde luego que no.
Dios solo nos hace responsables de las verdades que conocemos (Hech. 17: 30). La verdad sobre el diezmo se remonta a los días de Abraham; los israelitas (para quienes se escribió Malaquías) ciertamente sabían que no debían retener sus ofrendas. Por eso Dios los amonestó con tanta firmeza, porque le estaban robando. Sin embargo, los primeros adventistas no conocían la importancia de esta práctica, por lo que Dios les dio tiempo para que crecieran en la comprensión de esta verdad antes de hacerlos responsables de su aplicación.
Malaquías 3: 9 revela que robar a Dios tiene como consecuencia una maldición, que en el caso de los israelitas fue la pérdida de las cosechas (vers. 11). A esta advertencia le sigue una promesa en el versículo 10: cuando llevamos fielmente todos los diezmos a la casa de Dios, él derramará una bendición tan grande que no habrá espacio suficiente para recibirla toda.
El versículo 12 amplía esta promesa, diciendo que «todas las naciones les llamarán dichosos». Dios desea que su pueblo dé buen testimonio en el área de la mayordomía. Cuando, en nuestros diezmos y ofrendas, reconocemos a Dios como el Dador de la riqueza, él nos bendice aún más, lo cual es un testimonio para otros. Diezmar no es algo que hacemos para ganar más riqueza; lo hacemos porque amamos a Dios y reconocemos que todo lo que tenemos le pertenece a él. Dios nos ha dado la capacidad de trabajar y nos bendice de muchas maneras diferentes. Devolver el diez por ciento es un simple reconocimiento de la provisión de Dios en nuestra vida.
Dios nos bendice para que podamos bendecir a otros (Gén. 12: 2). Dar nuestros diezmos y ofrendas para el avance de la obra de Dios muestra que estamos compartiendo las bendiciones que Dios nos ha dado para el beneficio de otros. La fidelidad en los diezmos y la generosidad en las ofrendas es una manera de establecer el tono de una vida orientada hacia afuera y motivada por la gratitud a Dios.
Es interesante notar que algunos grandes hombres de negocios en la historia moderna han atribuido su prosperidad a ser fieles en la devolución del diezmo. John D. Rockefeller, famoso magnate del petróleo y primer multimillonario del mundo, comenzó a diezmar cuando ganaba solo 3.50 dólares a la semana. Otros industriales extremadamente ricos, como H. J. Heinz, de la empresa de condimentos, H. P. Crowell, de Quaker Oats, J. L. Kraft, de Kraft Foods, F. W. Woolworth, de Foot Locker, William Wrigley, de los chicles Wrigley, y William Colgate, de la crema dental y los jabones Colgate, pusieron a Dios en primer lugar en sus finanzas y descubrieron que diezmar era una bendición tanto para ellos como para las empresas que fundaron.
Después de repasar el texto que copiaste y resaltaste:
¿Qué enseñanzas especiales crees que refleja?
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¿Qué partes te parecieron difíciles?
¿Qué otros principios y conclusiones puedes identificar?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
4to. trimestre 2023 LA HERENCIA ADVENTISTA
Lección 7 «EL SISTEMA DE DIEZMOS»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

