Ver que Jesús está ministrando fielmente en un santuario celestial es un hermoso descubrimiento que plantea ciertas preguntas: si el sumo sacerdote en la tierra era responsable de purificar el santuario terrenal una vez al año, y el santuario en la tierra era una copia del santuario en el cielo, ¿necesitaba el santuario celestial ser purificado también? ¿De qué?
Dos veces al día, el sacerdote entraba en el santuario terrenal para hacer expiación por el pueblo (Heb. 9: 6), un proceso que requería sangre y muerte (vers. 22). Cada pecador arrepentido oraba sobre el animal antes de sacrificarlo, transfiriendo sus pecados a la víctima inocente y condenándola a muerte. Entonces, el sacerdote llevaba parte de la sangre al Lugar Santo y la rociaba delante del velo, transfiriendo el pecado al santuario (Lev. 4: 17, 18). A medida que los pecados se transferían cada día durante todo un año, comenzaban a acumularse, convirtiendo el santuario en un lugar contaminado por el pecado (Lev. 20: 3). El Día de la Expiación era el día en que se quitaban los pecados y se purificaba el Santuario (Lev. 16: 19).
Esta purificación anual del santuario terrenal era una copia de una purificación mayor que tendría lugar en el santuario celestial (Heb. 9: 23). Es extraño pensar en el cielo como algo que no sea puro e inmaculado, pero puesto que el cielo está involucrado en el plan de salvación del pecador, ha tenido que afrontar el pecado; hay cierta contaminación que también ha afectado al cielo. En el santuario terrenal, cuando el sacerdote rociaba sangre sobre los cuernos del altar, la sangre era un testimonio visible (y maloliente) de que se había cometido pecado y se había cumplido la pena del pecado: la muerte. Esa sangre contaminaba el santuario y era un recordatorio de que el campamento había sido mancillado por el pecado. El profeta Jeremías entiende que la sangre en los cuernos del altar significaba que el pecado de Judá estaba registrado en esos cuernos (Jer. 17: 1). Así como el pecado era registrado con sangre en el santuario terrenal, también el pecado es registrado en el santuario celestial. Así como el santuario terrenal necesitaba ser purificado de estos recordatorios de pecado, de igual modo el santuario celestial necesita ser purificado de su propio registro de pecados. El Día de la Expiación proporciona esa purificación y borra el registro existente.
En el Día de la Expiación, se llevaban dos machos cabríos al santuario y se echaban suertes sobre ellos (Lev. 16: 7-10). Uno servía como ofrenda por el pecado, y su sangre se rociaba sobre el propiciatorio del Lugar Santísimo; el otro era el chivo expiatorio. Sobre el chivo expiatorio se depositaban todos los pecados del año anterior y luego era llevado al desierto para no volver jamás (vers. 20-22). Dios quería que Israel comprendiera la gravedad del pecado y la importancia de la purificación espiritual. Estas acciones, por supuesto, simbolizaban cómo se resolvería el pecado en última instancia, pero también había otros significados espirituales en el proceso.
Dios nunca quiso que ninguno de nosotros olvidara la importancia del servicio y quedara atrapado en en la práctica de obras religiosas (ver Heb. 9: 14). La purificación del santuario terrenal era una ilustración de cómo será purificado el del cielo, pero no pasemos por alto que, en última instancia, Dios quiere limpiar nuestra vida de pecado. El nuevo pacto que se destaca en Hebreos 8 y 9 no solo se refiere a la ubicación física del verdadero santuario, sino también a la promesa de que Dios no se acordará más de nuestros pecados (Heb. 8: 12). El nuevo pacto es la promesa de que tenemos un Sumo Sacerdote que está intercediendo en nuestro favor para que podamos recibir la herencia eterna que Dios ha preparado para nosotros (Heb. 9: 15).
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Ahora que ya no tenemos en la tierra un santuario israelita físico, ¿cómo podemos mantener vívido en nuestra mente el servicio del santuario, la gravedad del pecado y la necesidad de purificación?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
4to. trimestre 2023 UNA ESPERANZA VIVA
Lección 2 «EL MENSAJE DEL SANTUARIO»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

