Algunos se preguntarán por qué era necesario que hubiera un Día de la Expiación si ya se ofrecía expiación al pueblo de Dios durante todo el año (Lev. 1: 4; 4; 5). ¿Tenían que ser perdonados y expiados dos veces? La respuesta a esta importante pregunta la encontramos cuando comparamos cuidadosamente Levítico 4 y 16.
En cada ofrenda por el pecado de Levítico 4, los pecados que se transferían al cordero eran llevados al tabernáculo o atrio mediante la sangre del sacrificio (vers. 5, 16, 25, 30). La sangre era un recordatorio visible y maloliente para todos de que el pecado había tenido lugar en el campamento y de que se había producido la muerte como consecuencia de él. Cada vez que el sacerdote rociaba sangre en el santuario, refrescaba el olor a muerte, es decir, de la muerte que exigía la ley que se encontraba allí cerca, en el arca de la alianza.
Cuando la sangre de un sacrificio no se llevaba al Lugar Santo, el sacerdote se comía el sacrificio y llevaba simbólicamente el pecado al Lugar Santo (Lev. 10: 16-20). Ya fuera mediante la aspersión de la sangre o mediante la ingesta del sacrificio por el sacerdote, el Lugar Santo estaba contaminado por el continuo recordatorio o registro de los pecados que entraban en el santuario procedentes de los sacrificios diarios.
Cada día, a cualquier pecador que trajera un sacrificio se le concedía el perdón pleno e inmediato con la promesa de la expiación (Lev. 4: 20, 26, 31, 35). Una vez ofrecido el sacrificio diario, no se necesitaba ningún perdón adicional: el perdón ofrecido mediante el sacrificio diario era completo e íntegro. Sin embargo, la expiación quedaba incompleta hasta el Día de la Expiación. Mientras que el servicio diario de Levítico 4 prometía perdón y expiación (vers. 20, 26, 31, 35), el servicio anual del Día de la Expiación de Levítico 16 prometía limpieza y expiación (vers. 19, 30). En Levítico, la expiación se ilustra como un proceso de dos pasos: perdón y limpieza. Perdón + Limpieza = Expiación. La parte del perdón de la expiación se suministraba mediante el sacrificio diario descrito en Levítico 4. La parte de limpieza de la expiación se realizaba mediante el Día de la Expiación anual descrito en Levítico 16. Juntos, el perdón y la limpieza completaban la expiación. El Día de la Expiación completaba la expiación del pueblo.
Este proceso de dos pasos de la expiación también se reitera en el Nuevo Testamento, cuando Juan escribe: «Pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad» (1 Juan 1: 9). Observa que el ministerio de Jesús ofrece tanto el perdón como la limpieza.
Una pregunta importante es: ¿por qué están separados los dos pasos del perdón y la limpieza? ¿Por qué el pecado y el registro del pecado no se podían limpiar inmediatamente cuando se perdonaba el pecado? La respuesta se halla en Ezequiel 18: 24 y Mateo 18: 27, 32-35. Estos dos pasajes enseñan que es posible que algunos busquen el perdón sin tener un corazón sincero. En estas personas no hay un verdadero arrepentimiento y, por lo tanto, no se produce un cambio real en sus vidas. También es posible que algunos que al principio están verdaderamente arrepentidos, más tarde «se arrepientan de haberse arrepentido» y no cambien su forma de vivir (Milian L. Andreasen, The Sanctuary Service [Washington, D. C.: Review and Herald Pub. Assn., 2007], p. 178). Los pecados serán completamente borrados (limpiados) del registro (Isa. 44: 22) una vez que se haya decidido cada caso y no haya vuelta atrás.
¡El perdón de los pecados está disponible hoy! ¡La limpieza del pecado se promete en su debido momento! En su trato con el pecado y la salvación de los pecadores, ¡Dios ha elegido el proceso más justo, misericordioso y equitativo!
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¿Por qué es tan importante mantener en oración a nuestros líderes espirituales? ¿Qué debemos pedir para ellos?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
3er. trimestre 2023 LA RESTITUCIÓN
Lección 10 «LA EXPIACIÓN»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

