sábado , 18 abril 2026

Dos grupos

En Apocalipsis 1: 5, 6 y 5: 9, 10, descubrimos que la sangre de Cristo no solo compró nuestra salvación, sino también nuestra restauración como sacerdotes de Dios. Encontramos una conexión asombrosa entre la cruz y nuestra vocación al ministerio. En el Calvario, lo que les fue arrebatado a Adán y Eva en el Jardín —a saber, su conexión sacerdotal con Dios— fue maravillosa y eternamente restaurado. Este es también un gran recordatorio de que, como sus sacerdotes, debemos cuidar lo que oímos, tener cuidado con lo que decimos y cuándo lo decimos, e ir solo a donde nos guíen sus sandalias. Elena G. de White lo expresó así: «Como hijo del hombre, nos dio un ejemplo de obediencia; como Hijo de Dios, nos imparte poder para obedecer» (El Deseado de todas las gentes, cap. 1, p. 16).

Nota nuevamente que los sacerdotes eran ungidos con aceite (Lev. 8:1 2, 30). El aceite a menudo simboliza al Espíritu Santo, que es una persona esencial en la Divinidad. Sí, leíste bien: una persona. Muchas veces durante su ministerio, Jesús se refirió al Espíritu Santo usando un pronombre personal. Dedica un tiempo a leer Juan 14–16 esta semana y cuenta cuántas veces utiliza Jesús pronombres personales (como «él», o «su») para describir al Espíritu Santo. Cuando Jesús ascendió al cielo, no nos dejó con una fuerza vaga y mística, sino con una Persona divina y amorosa: ¡el Espíritu Santo!

Es el Espíritu Santo el que capacita nuestros ministerios y hace fructíferos nuestros esfuerzos por glorificar a Dios (Hech. 1: 8; 10: 38). También es el Espíritu Santo el que nos da dones para que los utilicemos en su servicio. Estos dones son las mismas habilidades que Jesús tuvo. En el Nuevo Testamento hay más de veinte tipos diferentes de dones espirituales, y podemos leer sobre ellos en diversos lugares de las Escrituras (Rom. 12; 1 Cor. 12; Efe. 4; 1 Ped. 4). Cada cristiano tiene uno o más de estos dones sobrenaturales. La mejor manera de descubrir tu don divino es estudiando los dones espirituales en la Biblia, participando en varios ministerios en tu iglesia y en la comunidad (especialmente en aquellos que te apasionan) y pidiéndole al Espíritu Santo que te revele cuáles son tus dones. Él te lo mostrará. A menudo habla a través de aquellos que te han observado en acción por Jesús. Otra forma de saberlo es probando diferentes ministerios y ver si creces y destacas en ese campo en particular. Si es tu don, ¡así será! Por cierto, no hay problema si intentas algo y no termina encajando con tu don. La clave es participar activamente en tu iglesia y en la comunidad para Jesús. Puedes estar seguro de que tu don como ministro y sacerdote de Dios quedará claro con el tiempo.

Es muy importante que consolidemos a las personas en el ministerio, especialmente a los jóvenes. Esta responsabilidad no es solo de las generaciones mayores, sino también de las más jóvenes. Asegúrate de dar a tus compañeros una palabra de aliento y aprecio, especialmente cuando los veas intentando un nuevo ministerio para el que parecen particularmente bien capacitados. Mejor aún, involúcrate con ellos en el ministerio y fortalécelos con tus acciones.

Después de repasar el texto que copiaste y resaltaste:

  • ¿Qué enseñanzas especiales crees que refleja?
  • ¿Qué preguntas te surgen?
  • ¿Qué partes te parecieron difíciles?
  • ¿Qué otros principios y conclusiones puedes identificar?

¿Cuáles son los dones espirituales que te gustaría intentar desarrollar? ¿Qué pasos debes dar para empezar?

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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
3er. trimestre 2023 LA RESTITUCIÓN
Lección 7 «EL MINISTERIO»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

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