miércoles , 28 octubre 2026

UN PRINCIPIO CLAVE PARA LA VIDA

Cuando el arroyo se secó, se le indicó a Elías dónde debía ir y con quién debía hablar. Al elegir a una viuda (la persona menos probable para que proveyera para él), Dios quiso señalar su poder para proveer, y enseñarles una lección de confianza a ambos.

Aunque no era israelita, ella era una verdadera seguidora de Dios y vivía según la luz que tenía. Por eso, no es extraño que incluso durante la sequía le diera un vaso de agua a aquel viajante sediento. Cuando el profeta le sumó a eso un pedido de pan, ella le respondió que no tenía y que pensaba usar el último puñado que le quedaba de harina y lo último de aceite para preparar uno para ella y su hijo. Eran sus últimos recursos; después de consumirlos les esperaba la muerte. ¡Cuán a menudo nuestras expectativas están muy alejadas de las posibilidades de Dios!

La respuesta de Dios para ella también se aplica a todos los hijos de Dios que tienen dificultades con asuntos complicados. Primero, se le ordenó no temer (ver 1 Rey. 17: 13). Aunque el miedo es algo natural a causa de nuestra condición caída, muchas veces indica falta de confianza en Dios. En este contexto no es útil, porque la ansiedad humana no puede mejorar el amor y el cuidado perfectos de Dios para con nosotros.

Luego, el profeta dijo algo que sonó un poco extraño. Sabiendo que era lo último que le quedaba de harina y de aceite, Elías instruyó a la viuda: «Hazme con ello primero una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela. Después la harás para ti y para tu hijo» (1 Rey. 17: 13). No había un error en la secuencia: él debía recibir el primer pan. ¿No estaba Elías comportándose de manera egoísta? ¿No debía considerar primero a los demás? Como Elías era un representante de Dios, y como siempre hay que poner primero a Dios (Apoc. 22: 13), ella debía darle al profeta la primera parte, como si se lo estuviera dando a Dios mismo.

La frase «porque Jehová, Dios de Israel, ha dicho así» (1 Rey. 17: 14) en el siguiente versículo, es una clara indicación de que Dios fue el originador de aquel pedido. Siempre ponemos primero a Dios para ser bendecidos.

Esta ofrenda sacrificial especial, ofrecida por pedido de Dios mismo, fue una transacción de fe con Dios, y no con el profeta. Dios puede pedir ofrendas sacrificiales a personas, que llegan a ser una prueba de fe (verdad presente), como en el caso de Noé, la viuda de Sarepta y el joven rico, por mencionar algunos. Los dos primeros lo dieron todo confiando en que Dios proveería algo mejor para ellos (¡y lo hizo!). Por otro lado, al negarse a dar lo que Jesús pedía, el joven rico terminó perdiendo todo.

Antes de que la viuda pudiera responder, Elías le aseguró que, si ponía primero a Dios, él proveería para ella hasta que volviera a llover (vers. 14). Elena G. de White dice que «aquellos para quienes Dios es lo primero, lo último y lo mejor, son las personas más felices del mundo» (Mensajes para los jóvenes, cap. 1, p. 27).

Lee el texto bíblico de esta semana. ¿A qué parece apuntar? ¿Qué preguntas te surgen?

¿Cuáles son las partes que te parecen más difíciles?

¿Qué otros principios y conclusiones encuentras?

¿Por qué la viuda de Sarepta le dio el primer pan al profeta? ¿Cuál crees que fue su motivación?

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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
1er. trimestre 2023 INVERSO
Lección 9 «LA VIUDA FENICIA: LA DADORA CONFIADA»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez 

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