El Hijo prometido
Tanto el islam como el judaísmo son firmemente monoteístas y comparten una profunda reverencia por Abraham como figura central de su historia. El islam sostiene que el hijo prometido de Abraham, a través del cual se cumpliría el pacto, fue Ismael, mientras que el judaísmo asegura que fue Isaac. Las Escrituras presentan una revelación que trasciende esta controversia religiosa: hay otra Simiente prometida de Abraham: Jesús.
Abraham esperaba ansiosamente la primera venida de Jesús. Cristo se lo explicó a los judíos: «Abraham, el antepasado de ustedes, se alegró porque iba a ver mi día; y lo vio, y se llenó de gozo» (Juan 8: 56). Jesús pronunció estas palabras en el Templo, que estaba cerca del lugar donde, dos milenios antes, Abraham había sido llamado a sacrificar a su hijo Isaac. Abraham creía que «Dios proveer[ía] para sí el cordero para el holocausto» (Gén. 22: 8, NBLA). Y, efectivamente, Isaac fue salvado gracias a un carnero que se enredó en un matorral, lo que simboliza la futura provisión de Dios del sacrificio definitivo.
La identidad de Jesús cobró aún mayor significado cuando declaró: «Les aseguro que yo existo desde antes que existiera Abraham» (Juan 8: 58). Esta declaración no era simplemente una afirmación de su preexistencia, sino una afirmación de su divinidad, que se hacía eco de la forma en la que Dios se había identificado ante Moisés en la zarza ardiente: «YO SOY EL QUE SOY» (Éxo. 3: 14). Los judíos estaban dispuestos a apedrear a Jesús porque entendían perfectamente quién decía ser: el Dios del Antiguo Testamento. Ante ellos se encontraba Aquel en quien se centraba toda su historia y su culto. Jesús no es simplemente un profeta o un buen maestro; él es Dios mismo, el Eterno. Como dijo Elena G. de White tan acertadamente: «En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra» (El Deseado de todas las gentes, cap. 58, p. 501). Jesús no fue creado; él no tiene un punto de origen.
Las Escrituras declaran enfáticamente la naturaleza incomparable de Dios: «Señor mío, ¡qué grandeza la tuya! Porque no hay nadie como tú, ni existe otro dios aparte de ti, según todo lo que nosotros mismos hemos oído» (2 Sam. 7: 22). Esta afirmación establece categóricamente la divinidad única de Dios. La Biblia hace una distinción clara y absoluta entre el Dios creador y toda la creación. Así como una mujer no puede estar un poco embarazada —está embarazada o no lo está—, tampoco se puede poseer la divinidad en grados. O se es completamente divino, y por lo tanto Dios, o no se es divino en absoluto.
Jesús, junto con el Padre y el Espíritu, asumió un papel distinto para salvar el abismo entre el Creador y la creación, una brecha que se hizo aún mayor por el pecado. En este sentido, el término «Hijo» no es una descripción biológica o física, sino un papel relacional. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están del mismo lado en su misión de salvar a la humanidad. ¿Qué podemos decir a los musulmanes sobre la visión cristiana de Jesús? No es que Dios haya engendrado a un Hijo, sino que Dios se hizo Hijo.
¿Qué preguntas surgen al comparar Deuteronomio 6 con las afirmaciones de Jesús en Juan 8: 56-58?
¿Cómo cambia nuestra comprensión de quién es Dios el hecho de que Jesús sea Dios?
¿Por qué crees que la gente se muestra hostil hacia las afirmaciones de Jesús? Ver, por ejemplo, Juan 8: 59.
1er trimestre 2026 «APOLOGÉTICA: EL AREÓPAGO»
Lección # 07 «JESÚS Y EL ISLAM»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
kebo88 | slot online | slot gacor
kebo88 | kebo88 | kebo88 | slot gacor | slot gacor | slot gacor
