Bajo el árbol
Cuando Jesús se describió a sí mismo como «la luz del mundo» (Juan 9: 5), no quiso decir que él solo ilumina este mundo de manera general. Más bien, en un sentido muy personal, Jesús es «la Luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre» (1: 9, NBLA). Esta luz está a disposición de todos, pero no puede hacer mucho por nosotros a menos que la recibamos dentro de nosotros. «El que anda de noche tropieza, porque no hay luz en él» (11:10, RVC). Sin Jesús, nuestros corazones permanecen en oscuridad.
Luego de abandonar la vida palaciega en busca de entendimiento, Siddhartha Gautama estudió con renombrados maestros de meditación de su época y exploró varios caminos espirituales en el subcontinente indio.1 Insatisfecho con las filosofías de sus maestros, buscó su propio camino. En su meditación bajo el árbol Bodhi en Bodh Gaya, desarrolló las cuatro nobles verdades y el noble camino óctuple, que incluyen la concentración y la conciencia plena como dos de sus prácticas clave.
La meditación significa cosas diferentes para distintas personas. La meditación oriental incluye varias técnicas, como vaciar la mente, concentrarse en solo un objeto, tener conciencia plena del entorno y practicar la respiración profunda. Si bien los cristianos podemos reconocer los beneficios de actividades como la respiración profunda,2 debemos ser cuidadosos cuando tratamos con ideas y prácticas como la meditación oriental. Mientras que la meditación oriental apunta a vaciar la mente, la meditación cristiana busca llenarla con la Palabra de Dios, sus promesas y su orientación. Por lo tanto, los objetivos y las prácticas de la meditación oriental son contrarios a los de la meditación cristiana. Jesús ejemplificó este tipo de tiempo a solas con su Padre que los cristianos deben practicar. «Jesús subió a un cerro, para orar a solas. Al llegar la noche, estaba allí él solo» (Mat. 14: 23). Lucas declara: «Jesús se retiraba a orar a lugares donde no había nadie» (Luc. 5: 16).
El Deseado de todas las gentes agrega este comentario: «En una vida completamente dedicada al beneficio ajeno, el Salvador hallaba necesario retirarse de los caminos muy transitados y de las muchedumbres que lo seguían día tras día. Debía apartarse de una vida de incesante actividad y contacto con las necesidades humanas, para buscar recogimiento y comunión directa con su Padre. Como uno de nosotros, participante de nuestras necesidades y debilidades, dependía enteramente de Dios, y en el lugar secreto de oración buscaba fuerza divina con el fin de salir fortalecido para hacer frente a los deberes y las pruebas» (cap. 38, p. 335). Al pasar tiempo con su Padre, Jesús nos mostró cómo encontrar tranquilidad duradera. El Salvador descansaba de las actividades de la vida y encontraba fuerza mental, moral y espiritual para resistir. Si Jesús valoraba este tiempo de calma y le daba prioridad, ¡cuánto más deberíamos hacerlo nosotros!
Después de repasar el texto que escribiste y resaltaste:
- ¿Cuáles son tus principales conclusiones?
- ¿De qué otras maneras el Evangelio de Juan describe a Jesús como la Luz del mundo? Juan 1: 4-9; 3: 19-21; 8: 12; 11: 9, 10; 12: 35-46.
1er trimestre 2026 «APOLOGÉTICA: EL AREÓPAGO»
Lección # 06 «JESÚS Y EL BUDISMO»
Colaboradores: Jassiel Taveras de la Rosa y Adriana Jiménez
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