Salvados de la condena
El propósito de las ciudades de refugio no era ayudar a las personas perfectas; al contrario, era ayudar a las personas que habían obrado mal. Incluso quien había matado a alguien accidentalmente tenía que aceptar la culpa y la responsabilidad. La ciudad de refugio era el lugar donde los culpables podían salvarse de la condena. Después de su juicio, una persona declarada culpable de matar accidentalmente a alguien podía salvarse del vengador de la sangre permaneciendo en la ciudad de refugio. Tras la muerte del sumo sacerdote, podía regresar a su casa totalmente exonerada.
La Biblia contiene numerosos ejemplos que señalan a Dios como lugar de refugio ante la condena del pecado. David supo huir a la «Ciudad de Refugio» ante el pecado y la culpa. Después de todo, era un asesino y un adúltero, pero corrió a Dios en busca de perdón. «Oh Dios, ¡pon en mí un corazón limpio!, ¡dame un espíritu nuevo y fiel! No me apartes de tu presencia ni me quites tu santo espíritu» (Sal. 51: 10-11). Aunque había cometido pecados terribles, David huyó a Dios arrepentido, buscando refugio de la tormenta de culpa, vergüenza y condena que sus acciones habían despertado en él. Dios mostró su misericordia a David perdonándolo. David admitió su culpa cuando le dijo al profeta Natán: «“He pecado contra el Señor”. Y Natán le respondió: “El Señor no te va a castigar a ti por tu pecado, y no morirás”» (2 Sam. 12: 13). El arrepentimiento de David condujo al perdón.
El arrepentimiento es una parte integral de experimentar el refugio de salvación que Jesús nos ofrece. A través del poder de convicción del Espíritu Santo, Dios nos hace ver la verdadera naturaleza de nuestros pecados y, al reconocerlos, nos impulsa no solo a lamentar lo que hemos hecho, sino también a alejarnos del pecado. El verdadero arrepentimiento incluye un dolor genuino por el dolor que nuestras acciones han causado a Dios, a los demás y a nosotros mismos. Sin arrepentimiento, no podemos experimentar el poder salvador de Jesús.
Si venimos a Jesús, él está dispuesto a escuchar nuestras preocupaciones, aceptar nuestro caso, perdonarnos y liberarnos. Solo Jesús puede salvarnos de la condenación. Él nunca obligará a nadie a ir a él, pero sí nos invita. Anhela que acudamos a él para encontrar la salvación.
Después de repasar el texto que escribiste y resaltaste:
- ¿Qué te parece lo que marcaste o subrayaste y relacionaste?
- ¿Qué preguntas te surgen?
- ¿Qué partes te parecen más difíciles?
- ¿Qué otros principios y conclusiones encuentras?
¿Qué obstáculos (si los hay) te impiden correr al refugio de Dios? ¿Cómo puedes superar esos obstáculos?
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Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez
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