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Hogar, dulce hogar

La casa de Dios era una estructura física que incluía un techo, paredes y soportes de madera para mantenerlo todo unido. La habitación más interior del santuario se llamaba lugar santísimo (Éxodo 26: 33). ¿Qué hacía que esta habitación (un cubo que medía diez codos en cada dirección, ancho, largo y alto), fuera tan sagrada? Su santidad provenía de qué, o quién, residía allí. Detrás del velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo había un único mueble: el arca del pacto.

Lo más significativo de esta habitación oculta era que en ella residía la presencia de Dios. Más tarde, en la historia judía, se utilizó la palabra «Shekinah» para describir la presencia de Dios sobre el arca del pacto. Esta palabra se refiere a la morada de Dios. Aunque los egipcios tenían templos impresionantes con un recinto interior «sagrado» —al igual que otros pueblos cananeos—, esos templos albergaban ídolos que representaban a los dioses a los que estaba dedicado el templo. En cambio, el santuario de Dios entre los israelitas no debía tener ídolos ni representaciones de su Deidad. Dios fue muy claro al respecto, por eso, el asunto de los ídolos es el tema central del segundo mandamiento (Éxodo 20: 4-6). El santuario israelita tenía algo mucho más grande: la presencia de Dios mismo. Aquí sería donde Dios se reuniría con su pueblo; no estaba lejos de ellos. Cuando los israelitas acudían a adorar en su casa, él estaba físicamente allí.

Este énfasis en la presencia personal puede ser la razón por la que Dios ordenó posteriormente a los israelitas que ofrecieran sus sacrificios en un único lugar predeterminado (Deuteronomio 12: 5-14). El santuario no era un edificio para albergar un ídolo tallado; era la morada del único Dios verdadero, eso lo hacía sagrado. Esto nos ayuda a entender incidentes posteriores, como por ejemplo, cuando Nadab y Abiú ofrecieron presuntuosamente «fuego extraño» en el santuario y murieron (Levítico 10: 1-2).

Aunque habitaba en medio del pueblo, Dios no debía ser visto con ojos humanos. Más tarde, cuando Dios explicó a Moisés cómo debían realizarse los servicios en el santuario, se prohibió terminantemente a los sacerdotes entrar en el lugar santísimo para no morir (Levítico 16: 2). Incluso el sumo sacerdote podía entrar solo una vez al año, y solo después de seguir un estricto protocolo que incluía quemar mucho incienso en el altar de oro para cubrir la presencia visible de Dios. El Eterno vivía allí, pero contemplar un poder tan puro y santo es mortal para el hombre caído. En la presencia de Dios hay una gloria y un poder sobrecogedores que hacen que incluso los ángeles velen sus rostros (Isaías 6: 2).

Después de repasar el texto que escribiste y resaltaste:

  • ¿Qué te parece lo que marcaste o subrayaste y relacionaste?
  • ¿Qué preguntas te surgen?
  • ¿Qué partes te parecen más difíciles?
  • ¿Qué otros principios y conclusiones puedes identificar?

¿Ha habido momentos en tu vida en los que hayas sentido especialmente la presencia de Dios? ¿Qué ocurrió? Piensa por un momento en esas ocasiones. Habla con Dios sobre ellas.

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 11  «LA CASA DE DIOS»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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