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El desierto

La reacción inicial de muchos creyentes cuando se encuentran en un desierto espiritual es sentir que Dios los ha abandonado. De lo que a menudo no nos damos cuenta es de que Dios quiere utilizar nuestro tiempo en el desierto para brillar como nuestro Redentor y Proveedor. Los israelitas experimentaron esto cuando llegaron al desierto de pecado. Solo habían pasado seis semanas desde que habían salido de Egipto y se les había acabado la comida. Volvieron a quejarse contra Moisés, y le expresaron su deseo de haber muerto en Egipto (Éxodo 16: 3).

No tener comida es un verdadero problema. Dado que conocemos el final de la historia del pueblo de Israel, normalmente nos resulta difícil identificarnos con sus luchas, pero imagina que llevas a tu familia de viaje por carretera y acabas varado en medio de la nada sin posibilidad de conseguir ayuda y sin comida ni agua. En el caso de Israel, era una emergencia terrible, pero lo que parecía un desastre se convirtió en la oportunidad para que Dios actuara a su favor. Entonces, Moisés le aseguró a la multitud que clamaba: «Por la tarde sabrán ustedes que el Señor fue quien los sacó de Egipto, y por la mañana verán la gloria del Señor; pues ha oído que ustedes murmuraron contra él» (vers. 6-7). Dios aprovechó esta oportunidad para presentarles su plan de alimentación mientras viajaran por el desierto: el milagro del maná, que aparecía fresco en el suelo del desierto cada mañana.

Hoy, cuando nos encontramos en apuros, ¿respondemos como los israelitas y nos preguntamos si Dios existe? Basar nuestra creencia en la existencia de Dios en función de cómo nos vaya en la vida es un problema al que los cristianos todavía nos enfrentamos hoy en día. Dios quiere desarrollar una relación con nosotros que no dependa de los milagros, sino de la confianza. La buena noticia es que a Dios no le molestan nuestras quejas. Él entiende que nuestra fe es débil y está dispuesto a escuchar nuestras quejas, como hizo con las de los israelitas. Quiere que profundicemos nuestra fe en él; por consiguiente, sabe que el desierto es el mejor lugar para tal propósito.

Una pregunta que debemos plantearnos la próxima vez que nos encontremos en el desierto es la siguiente: «¿Puedo encontrar a Dios aquí, o solo estoy buscando una salida?». Dios desea que experimentemos su paz y su presencia en el desierto.

Después de repasar el texto que escribiste y resaltaste:

  • ¿Qué te parece lo que marcaste o subrayaste y relacionaste?
  • ¿Qué preguntas te surgen?
  • ¿Qué partes te parecen más difíciles?
  • ¿Qué otros principios y conclusiones puedes identificar?

¿En qué situaciones te sientes muy tentado a quejarte? ¿Cómo confías en Dios en esas situaciones?

Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2025.
3er trimestre 2025 «EL LIBRO DEL ÉXODO»
Lección # 08  «RUMBO AL DESIERTO»
Colaboradores: Felipe Torres y Adriana Jiménez

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