La crucifixión
Al comienzo del ministerio de Cristo, Juan el Bautista presentó a Jesús como «el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1: 29). Cada primavera, los adoradores que viajaban a Jerusalén para la fiesta de la Pascua recordaban la sangre salvadora del cordero (ver Éxodo 12: 12-13, 21-28). Mientras los adoradores se reunían para otra ceremonia de la Pascua, el verdadero Cordero pascual era conducido a su muerte. La muerte de Cristo coincidió con el sacrificio pascual. Jesús es el YO SOY, el Rey y el Cordero de la Pascua. Solo podemos empezar a entender el significado de la muerte de Cristo en nuestro favor si vemos la totalidad de lo que él es.
Una vez obtenida la aprobación de Pilato, los dirigentes religiosos se apresuraron a que Jesús fuera conducido a la muerte. Juan especifica que Jesús cargó con su cruz (Juan 19: 17). Esto es único en este Evangelio, ya que los demás incluyen el papel de Simón de Cirene (Marcos 15: 21). Al destacar el momento en que Jesús cargó con su propia cruz, Juan nos recordó que Jesús tenía el control absoluto de los acontecimientos (Juan 10: 17-18). Él mismo trajo la salvación al mundo (1: 29).
Juan pasó por alto la agonía y los detalles de la crucifixión. Simplemente registró la crucifixión (19: 18). La crucifixión era una ejecución despreciada y cruel. La idea de que el Rey, el Mesías, pudiera ser crucificado era absurda y muy ofensiva (ver 1 Corintios 1: 18-25). Para los incrédulos romanos, griegos y judíos, el hecho de que Jesús fuera crucificado constituía una clara prueba de que era un embustero. Con todo, en última instancia, Jesús convirtió en victoria y triunfo esta horrible muerte.
La multitud se reunió para observar. Pilato escribió los cargos contra Jesús en tres idiomas, para que todo el mundo supiera que aquel hombre reclamaba el trono de Israel (Juan 19: 19-20). Esto, de seguro, facilitó la difusión de Jesús y de su muerte (vers. 16-20; ver 3: 14; 12: 32). Se escribió en hebreo para que lo supieran los judíos; en latín para que lo supieran los romanos; y en griego, la lengua franca de aquella época, para que lo supieran todas las demás naciones. Al hacer esto, Pilato testificó involuntariamente que Jesús es el verdadero Rey y entronizó a Cristo como Rey de un tipo de reino muy diferente.
De acuerdo con la costumbre, los soldados dividieron las vestiduras de Jesús, así cumplieron, sin saberlo, la profecía (19: 23-24). Esta imagen recuerda la forma en que Jesús se despojó de sus vestiduras en el lavamiento de los pies (13: 1-4), así como se despojó de su gloria para la obra de la redención.
Jesús no fue abandonado del todo. Un grupo de mujeres permaneció junto a la cruz, así como el discípulo amado (19: 25-26). La madre de Jesús, que estuvo con él al principio de su ministerio (2: 1-11), aparece aquí al final junto a él. Al verla entre la multitud, Cristo la confió al cuidado del discípulo amado (19: 26-27). Asumiendo el encargo que se le había hecho (vers. 27), Juan cumplió el mandamiento de Jesús de amarse los unos a los otros y demostró la unidad por la que Jesús oró (17: 11, 22). La familia de la fe que se formó en la cruz da testimonio permanente de la vida y la muerte de Jesús (1: 12).
Luego de haber repasado el texto que has copiado y resaltado:
- ¿Qué enseñanzas especiales crees que refleja?
- ¿Qué preguntas te surgen?
- ¿Qué partes te parecieron difíciles?
- ¿Qué otros principios y conclusiones encuentras?
- ¿Por qué la idea de que el Mesías muriera en una cruz resultaba tan absurda para griegos y judíos? (1 Corintios 1: 18-25). ¿Ha cambiado esto hoy?
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