Permanecer en Cristo
Después de recordar a los discípulos que «viene el que manda en este mundo», Jesús los invitó a acompañarle a un paseo fuera de la ciudad (Juan 14: 30-31). Sabemos que probablemente había luna llena por ser la época en que se solía celebrar la Pascua. Al pasar junto a una viña, Jesús utilizó una nueva metáfora para describir su relación con sus seguidores. Al utilizar la vid como representación de sí mismo, ilustró hasta qué punto sus seguidores (las ramas) deben permanecer constantemente conectados a él. Sin la vitalidad de la vid, las ramas quedan sin fruto y sin vida. El amor del Padre está representado en el tierno trato del viñador que cuida de su viña cuando poda cuidadosamente cada rama y quita las muertas.
Los discípulos estaban familiarizados con estas imágenes. En el Antiguo Testamento se representaba al pueblo de Dios, la nación de Israel, como una viña (ver Isaías 5: 1-7; Ezequiel 19: 10-14). Jesús utilizó la metáfora de una forma ligeramente nueva: no solo para mostrar la relación entre Dios y su pueblo, sino también para revelar el papel especial de Jesús. El Padre poda la vid, quita las ramas infructuosas y cuida las fructíferas. Pero Jesús también participa en este proceso. Su Palabra también sirve para podar (limpiar) las ramas.
A través de la parábola de la vid, Jesús invitó a los discípulos (incluidos nosotros) a permanecer en él. La necesidad de tener una estrecha relación con Cristo es un tema prominente desde el comienzo mismo de este Evangelio (Juan 1: 38-39). La conexión con Cristo, la permanencia en él y la dependencia de él son las claves del éxito espiritual (15: 4-7, 9-10, 16). Esta imagen pone de relieve nuestra constante dependencia de la obra de Dios y de Cristo en nosotros. A las ramas no se les pide que se poden a sí mismas, sino que se sometan a ese proceso. Esto se logra cuando permanecemos en Cristo, cuando dependemos de él y vivimos en una relación de amor con él. El resultado de ese descanso en Cristo es una vida llena de frutos (15: 8).
A partir del versículo 18, el capítulo cambia de tono. En lugar de hablar de las relaciones de los discípulos entre sí, Jesús les habla de sus relaciones con el mundo. Estas dos relaciones están en marcado contraste. Una se rige por el amor, la otra por el odio. Independientemente de la época, la animosidad que experimentan los seguidores de Jesús es consecuencia directa de su permanencia en él (15: 19; 17: 14; 5: 41-44). La persecución y la amenaza de muerte son la máxima manifestación de este odio (15: 20; 16: 2).
Al repasar el evangelio, vemos con qué frecuencia la gente respondió negativamente a Cristo (caps. 5–11), lo que resultó en culminar el plan de darle muerte. Esta reacción surgió como resistencia a la manifestación de su amor. Como en Juan 3: 17-20, vemos que Jesús no vino a juzgar, sino que el juicio se produjo cuando la gente se apartó de la luz y se volvió a las tinieblas, eligiendo así seguir el mal. Los que siguen el camino de Jesús saben que no podemos evitar la tribulación en este mundo. Con todo, Jesús ya ha vencido por nosotros (16: 33).
Luego de haber repasado el texto que has copiado y resaltado:
- ¿Qué enseñanzas especiales crees que refleja?
- ¿Qué preguntas te surgen?
- ¿Qué partes te parecieron difíciles?
- ¿Qué otros principios y conclusiones encuentras?
- ¿Qué significa permanecer continuamente en Cristo? ¿Qué cosas te tientan a apartarte de una posición de permanencia en Cristo?
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Colaboradores: Joaquín Maldonado y Adriana Jiménez
