Judas, Jesús y el discípulo amado
Después de compartir el significado del servicio del lavamiento de pies, Jesús dio más detalles sobre cómo se desarrollarían los acontecimientos inmediatos. Advirtió que había un falso discípulo entre ellos (Juan 13: 10, 18). Aunque Jesús conocía estos acontecimientos de antemano, era totalmente divino y trabajaba según el calendario de Dios, seguía siendo claramente humano. Los acontecimientos que se avecinaban le preocupaban profundamente (ver 11: 33; 12: 27).
Su insistencia en que había un traidor entre ellos causó consternación entre los discípulos. Estaban sorprendidos, sin palabras, y se preguntaban quién traicionaría o podría traicionar a Jesús (13: 21-22). El argumento se desplaza sutilmente hacia Judas. El desconcierto de los discípulos muestra lo bien que encajaba Judas en el grupo. Desde luego, no se lo esperaban.
El Evangelio se centra entonces en los discípulos que estaban sentados más cerca de Jesús. «Judas se mantenía al lado de Cristo, a la izquierda; Juan estaba a la derecha. Si había un puesto más alto que los otros, Judas estaba resuelto a obtenerlo, y se pensaba que este puesto era al lado de Cristo» (Elena White, El Deseado de todas las gentes, cap. 71, p. 615). Recostado en el pecho de Cristo estaba el discípulo «a quien Jesús quería mucho» (Juan 13: 23, 25). La única seña de identidad de este hombre era su relación con Jesús. El Evangelio de Juan registra el testimonio de este discípulo (21: 20, 24). Pedro hizo señas a Juan para que preguntara quién era el traidor (13: 24). Pedro debía de estar sentado lo bastante cerca de Juan como para poder hacerle señas y llamar su atención. En respuesta a su pregunta, Jesús habló a Juan, pero los demás discípulos no le oyeron (vers. 26-28), lo que confirma una vez más su proximidad a la mesa. Finalmente, Jesús se volvió hacia Judas, le dio el pan y le habló directamente. Esto indica que Judas estaba sentado de modo que Jesús pudiera apoyarse en su pecho, mostrando plena seguridad y confianza. Jesús se apoyó en el pecho del traidor, dando a Judas la posición de confianza de guardar las espaldas de Jesús.
Jesús realizó tres actos de hospitalidad a Judas: le lavó los pies, le dio pan para comer y le dio un lugar de confianza. Jesús identificó a su traidor no con acusaciones y señalamientos, sino con actos de servicio. Juan nos dio otra visión de este drama: aunque Judas era el traidor, no era el verdadero adversario de Jesús. Jesús y Satanás son los combatientes. Se estaba librando en aquel momento la misma batalla cósmica que todavía se libra hoy (13: 2, 27).
Al recibir el pan, Judas se marchó inmediatamente y se alejó en la oscura noche (vers. 30). Una vez más nos encontramos con un concepto de doble sentido. «Era de noche» (vers. 30) comunica algo más que el tiempo. Desde las primeras páginas, el Evangelio de Juan ha enmarcado el conflicto entre la luz y las tinieblas. Judas se había apartado completamente de la luz y había entrado en la oscuridad más absoluta.
Luego de haber repasado el texto que has copiado y resaltado:
- ¿Qué enseñanzas especiales crees que refleja?
- ¿Qué preguntas te surgen?
- ¿Qué partes te parecieron difíciles?
- ¿Qué otros principios y conclusiones encuentras?
- ¿Por qué crees que el traidor de Jesús era tan respetado entre los discípulos? ¿Puedes visualizar la escena hoy? (Ver Mateo 24: 10).
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4to trimestre 2024 «EL EVANGELIO DE JUAN»
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Colaboradores: Joaquín Maldonado y Adriana Jiménez
