Para Dios, todo tiene que ver con la relación. Deuteronomio busca mover los corazones de las personas a una relación más cercana con Dios. Dios es quien salva. Dios es quien extiende su gracia cuando nosotros fallamos. Dios es quien guía y conduce. Dios provee y Dios restaura. Y aun así, cuando las vicisitudes llegaban, Israel se apresuraba para posicionarse contra Dios y culparía por esas dificultades. Llegados a ese punto, era mucho más fácil para los israelitas escuchar a quien fuera que escuchar a Dios. Como señala Deuteronomio 1, cedieron al miedo en vez de recordar las poderosas obras que Dios ya había hecho a favor de ellos en el pasado. No solo eso, aún los espías comisionados demostraron falta de fe. Y aunque Moisés y los dos fieles espías transmitieron palabras de ánimo, el pueblo prefirió enfocarse en lo negativo y en las palabras desalentadoras.
Israel ya había experimentado dos ceremonias de pacto en el último año y había incumplido en ambos casos su parte del pacto (no subieron a la montaña en Éxodo 19; y el incidente del becerro de oro en Éxodo 32). En términos humanos, eso equivaldría a que Dios fuera dejado plantado en dos ocasiones. Incluso, Dios había querido empezar otra vez con un nuevo pueblo (Éxodo 32: 9-10). Sin embargo, decidió perdonarlos y esperar que una verdadera transformación ocurriera. En cambio, la relaciona dio lugar a más deslices e incluso a mayores traiciones. Dios es un ser personal, cuyo corazón se rompe cuando su pueblo decide rechazar a quien le ama tan profundamente.
Es fácil ver a Israel en sus continuas y recurrentes malas decisiones y sorprenderse por cómo pudieron llegar a tal condición después de que Dios había hecho tantos milagros a su favor. No obstante, esta es la condición del corazón humano: por naturaleza preferimos la muerte a la vida; preferimos la duda y el temor en vez de confiar en Dios, que nos creó y nos libertó. Cuando enfrentamos una nueva prueba, es fácil olvidar la liberación pasada. Moisés le recuerda al pueblo todas las ocasiones en que Dios los ha liberado, no para reprenderlos, sino para que sean menos propensos a olvidar cuando enfrenten otra prueba en el futuro.
Por eso, la parte central de Deuteronomio la siguiente sección del pacto desarrolla cada una de las Diez Palabras (en hebreo, al decálogo nunca se le llama «mandamientos»; Moisés los llama «las Diez Palabras») con más detalle. Ya que el pueblo reincidía en mantener sus corazones lejos de Dios y rechazaba escuchar su voz, Dios les dio muchos ejemplos de cómo serían sus vidas cuando sus corazones estuvieran en sintonía con él. Luego, el pacto termina con bendiciones y maldiciones, que eran una parte normal de los pactos, así se reiteraba la elección que el pueblo debía hacer entre la vida y la muerte.
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2021.
4to. trimestre 2021 INVERSO
Lección 1«PACTOS Y SERMONES »
Colaboradores: Israel Esparza & Mayra Cota
