Cuando Dios creó a Adán y a Eva, y los puso en el Jardín del Edén, inmediatamente instituyó dos cosas: la familia y el sábado.
La familia representa el más básico de todos los grupos sociales, con el esposo y la esposa como su doble fundamento. Aunque la familia es un elemento básico y aparentemente insignificante en el contexto más amplio de la sociedad, en ella radica la clave del éxito de los negocios, la iglesia, la sociedad y el gobierno. Los miembros de la sociedad, el gobierno y la iglesia no son más que embajadores de las diversas familias de las que provienen. Estudiarán, trabajarán con otros, liderarán empresas y asumirán gobiernos. Si provienen de entornos familiares sólidos donde se han establecido principios éticos, gobernarán con un servicio desinteresado y políticas exitosas. Si sus hogares son débiles, las empresas que dirigen también carecerán de principios y bondad.
Inmediatamente después de la creación de la humanidad se estableció el sábado. Y esto no fue resultado de la casualidad. El plan de Dios era que la familia y el sábado se unieran para que «en ese día, más que en cualquier otro, podamos practicar el estilo de vida del Edén» (La educación, cap. 29, p. 226). A través de la observancia del sábado, las familias contarían con herramientas fundamentales que servirían como una bendición para cada miembro del hogar y como un beneficio para las comunidades y entidades que representarían.
El hecho de que el sábado se estableció en la creación implica que incluso en el paraíso perfecto, el sábado tenía un propósito útil para el desarrollo de Adán y Eva. «Era el plan de Dios que los miembros de la familia se unieran en el trabajo y el estudio, en la adoración y la recreación, el padre como sacerdote del hogar, y él y la madre, como maestros y compañeros de sus hijos» (ibid..). Sin embargo, los resultados del pecado han cambiado la vida y pervertido nuestras relaciones. Las oportunidades de participar en la compañía y la comunión sagradas se han vuelto más difíciles de desarrollar en las sociedades actuales.
En su amor por la humanidad caída, Dios instituyó el trabajo, pero también puso límites a las cargas de la faena. Su orden fue:
«Durante seis días se podrá trabajar, pero el día séptimo, el sábado, será de reposo consagrado al Señor» (Éxo. 31: 15).
Por medio de un pacto eterno, Dios estableció el sábado como un medio por el cual sus hijos pueden experimentar un pedazo de cielo en la tierra, mientras que también es una bendición para aquellos con quienes entran en contacto.
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2020.
4to trimestre 2020 “Los Principios De La Educación”
Lección 9: «LA EDUCACIÓN Y EL SÁBADO«
Colaboradores: Hidai Juarez S & Misael Morillo
