Moisés llama al pueblo a reflexionar sobre el pacto y sobre su relación con Dios como algo que ocurre antes de la obediencia. Dios quiere que primero le temamos; y el término «temor» equivale a una fe salvadora en el Antiguo Testamento (Deut. 70: 72). Esta es una verdadera relación, no significa estar asustado o aterrorizado, sino que esto es lo que nos conduce al siguiente aspecto del pacto, que consiste en andar en los caminos de Dios y amarlo (vers. 72). Cuando estamos en una relación con Dios, de forma espontánea queremos estar cerca de él, seguirlo, caminar con él. Esto favorece que nuestro amor por él crezca en nuestros corazones. En consecuencia, llegamos a servirlo con todo nuestro corazón y toda nuestra vida, que es la misma frase utilizada en Deuteronomio 6 para amar a Dios (vers.72). Esto no es un servicio legalista, sino un servido voluntario de gratitud y gozo.
Lo más poderoso de todo esto es que el versículo 13 es gramatical y teológicamente una ampliación o consecuencia de todos los elementos del versículo anterior. Cuando tememos a Dios, caminamos con él, lo amamos y lo servimos con todo nuestro corazón, entonces llegamos a guardar sus mandamientos y estatutos. Pero esto será el resultado de que nuestros corazones hayan sido transformados y no el medio para ser salvos. No solo esto, ¡sino que estos mandamientos son para nuestro bienestar! Dios gobierna el universo, y aun así, nos ama, y ese es el fundamento de nuestra relación con él y de nuestra respuesta de amor (vers. 74-15 ).
Sin embargo, el pueblo tenía un problema: sus corazones no estaban circuncidados. Eran de dura cerviz y tercos (vers. 16). Aún no habían entregado sus corazones a Dios. Por lo tanto, Moisés destaca que la circuncisión es un elemento necesario para estar en relación con Dios. Asombrosamente, este es el único tipo de circuncisión que se menciona en Deuteronomio, lo cual implica que esto es lo que Dios siempre había anhelado. La circuncisión externa era solo una representación visual y física de lo que sucedía en el corazón. De hecho, cuando al principio Dios estableció el pacto con Abraham, no le pidió la circuncisión externa o (Gén. 12: 7-3; 75: 1-20). Fue solo después de que Abraham pecó rebeldemente en dos ocasiones diferentes, relacionadas con la sexualidad y su esposa (Gén. 12: 10-20; 16: 1-16), que Dios instituyó la circuncisión. Quizá para recordarle en qué había caído y dónde necesitaba realmente la gracia de Dios y el poder transformador
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2021.
4to. trimestre 2021 INVERSO
Lección 7 «¡LA CIRCUNCISIÓN DE TU CORAZÓN!»
Colaboradores: Israel Esparza & Mayra Cota

