domingo , 23 agosto 2026
Lección de Universitarios 2024

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Apariencias

En la mente de muchos judíos del primer siglo, la salud y la riqueza estaban directamente relacionadas con el favor de Dios. Para desafiar ese pensamiento, Jesús contó una parábola sorprendente sobre un hombre rico que vivía con lujos extravagantes y demostraba su riqueza con ropa sofsticada y banquetes gourmet. Su riqueza le daba un estatus de elite y lo ponía en alta estima en su cultura. La gente estaba convencida de que la riqueza de este hombre era una señal de que gozaba de la bendición de Dios.

Jesús contrastó a este hombre rico con un menesteroso y despreciado llamado Lázaro. Muchos judíos hubieran argumentado que debía haber una razón espiritual de su sufrimiento y desgracia en la vida. Creían que debía de haber pecado, y que eso habría resultado en la maldición y el juicio de Dios, que eran «evidentes» por su miseria. Incluso los discípulos juzgaron a las personas por su situación de vida cuando le preguntaron a Jesús por cierto hombre ciego. «Maestro, ¿por qué nació ciego este hombre? ¿Por el pecado de sus padres, o por su propio pecado?» (Juan 9: 2). Los discípulos asumieron incorrectamente que la desgracia de la ceguera era una señal del desagrado de Dios por la persona. En la parábola, Lázaro sufría de mala salud y no tenía comida ni otros recursos básicos. Estaba en el eslabón más bajo de la sociedad, y era totalmente dependiente de la misericordia de otros. Además, habría sentido la condenación que recaía sobre personas como él.

Sin embargo, Jesús concluyó el relato de manera opuesta a lo esperado. Al morir, los personajes experimentan una inversión de roles. Lázaro, el menesteroso, termina en el seno de Abraham, mientras que el hombre rico llega al tormento del Hades. Jesús enseñó que la apariencia de riquezas no implica la bendición de Dios, y tampoco el sufrimiento de una persona se puede interpretar como una maldición divina. Lázaro, el pobre, a pesar de su vida de dificultades, confió en Dios y fue recompensado en el cielo; el hombre rico, que disfrutó de una vida de comodidad, confió en su propia riqueza y estatus y, así, se separó de Dios para siempre.

Es interesante notar que el nombre del menesteroso (Lázaro) quedó inmortalizado, mientras que el hombre rico y próspero permanece anónimo. Este fue famoso en vida, pero a la luz de la eternidad, será olvidado. En la parábola, Jesús mostró que en esta vida decidimos nuestro destino eterno. La apariencia no es lo que importa. Lo que importa es dónde está nuestro corazón y en quién confiamos.

Regresa al pasaje que escribiste o parafraseaste. Analízalo directamente y reflexiona sobre su contenido con el máximo detenimiento.

  • Rodea con un círculo palabras, frases o ideas repetidas.
  • Subraya palabras o frases que sean importantes y significativas para ti.
  • Dibuja fechas para conectar palabras o frases con otras palabras o frases asociadas o relacionadas.

Elige un versículo del pasaje y memorízalo. Escríbelo varias veces para que te sea más fácil recordarlo.

¿Por qué nos es tan fácil juzgar por las apariencias?

¿Cómo podemos ver a los demás de forma más similar a como Dios los ve?

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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2024.
3er trimestre 2024  «RELATOS QUE TRANSFORMAN»
Lección 11 «VIVIR PARA LA ETERNIDAD »
Colaboradores: Joaquín Maldonado y Adriana Jiménez

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