Profundizar
Es probable que nuestra comprensión actual de la Deidad haya tardado más en desarrollarse que cualquier otra doctrina de la Iglesia Adventista. Aunque ahora tenemos una visión amplia que considera los diversos textos bíblicos sobre el tema junto con su contexto, la naturaleza de Dios será un tema de estudio y reflexión serios durante toda la eternidad (ver Job 11: 7). La grandeza de Dios está más allá de nuestra comprensión finita; para nosotros, es un tema inagotable de exploración.
En los primeros días del adventismo, las principales diferencias de pensamiento respecto de la Deidad giraban en torno a dos cuestiones: en primer lugar, ¿es Jesús Dios o un ser creado? Algunos interpretaban las palabras «Hijo unigénito» (Juan 3: 16) en el sentido de que Jesús tuvo un principio y, por tanto, no era eterno. En segundo lugar, ¿es el Espíritu Santo un ser y, por tanto, parte de la Deidad o es solo un poder? Una opinión era que el Espíritu Santo se refería al poder de Dios, omnipresente, pero no un ser real.
En las décadas de 1840, 1850 y 1860, algunos pioneros conocidos y respetados como Jaime White, José Bates, Urías Smith y J. N. Loughborough tenían creencias sobre este tema que estaban en desacuerdo con lo que finalmente decidimos como Iglesia. Como hemos señalado, nuestra Iglesia en su conjunto desarrolló esta creencia muy lentamente; hecho que se refleja en la forma en que algunas de las creencias de los pioneros también se desarrollaron y cambiaron con el tiempo. Algunos, como Jaime White y José Bates, mantenían las creencias de las denominaciones de las que habían salido y, por lo tanto, tuvieron que desaprender lo que pensaban que era la verdad y aprender en su lugar lo que había sido revelado. Por desgracia, es bastante fácil sacar de contexto unos pocos textos y llegar a una conclusión que parece correcta, pero que no se sostiene cuando se consideran todos los textos bíblicos sobre el tema. Tal era el caso de algunas de las doctrinas de las iglesias que los pioneros habían abandonado; de ahí la necesidad de un periodo de desaprender y reaprender.
La primera vez que la Biblia menciona la pluralidad de Dios es en Génesis 1: 26: «Ahora hagamos al hombre a nuestra imagen». La palabra «nuestra» es, por supuesto, plural, lo que indica que el título de Dios es atribuible a más de un ser. El Nuevo Testamento describe la obra de la creación mediante una estrecha colaboración entre el Padre y el Hijo, al decir: «Cristo es la imagen visible de Dios […]. En él Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra» (Col. 1: 15, 16). La narración de Génesis señala específicamente la presencia del Espíritu de Dios al principio de la Creación (Gén. 1: 2). En los versículos que describen la creación, vemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo trabajando juntos en armonía con un mismo propósito.
Al igual que el Trío celestial trabajó unido durante la creación, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo colaboran estrechamente entre sí en la obra de la redención. Juan 14 describe a las tres personas de la Deidad unidas con el propósito de salvar a la humanidad perdida. Cada persona del Dios triuno tiene responsabilidades ligeramente diferentes, pero todas contribuyen al mismo objetivo. Jesús conecta el cielo con la tierra preparándonos un lugar en el cielo (vers. 1-3), revelándonos al Padre y dándonos acceso al Padre (vers. 6-11). El Padre nos envió a dos ayudantes: Jesús y el Espíritu Santo (vers. 16, 26). Cuando Jesús dejó a los discípulos y regresó al cielo, el Padre envió al Espíritu Santo para llenar el vacío y proporcionar una presencia divina continuada.
Debido a la presencia del Espíritu Santo, los discípulos iban a disfrutar de mayores ventajas en ausencia de Jesús que las que experimentaron en su presencia física (Juan 16: 7). A lo largo de Juan 14 al 16, Jesús se refiere constantemente al Espíritu Santo con el pronombre personal él, y nunca como eso, destacando que el Espíritu Santo es más que una cosa: el Espíritu Santo es una persona distinta en la Deidad. A veces, en estos capítulos de Juan se describe a Jesús y al Espíritu Santo como yendo en dos direcciones opuestas: Jesús regresa al cielo y el Espíritu Santo es enviado a la tierra; esto ilustra claramente que el Espíritu Santo es una persona distinta, separada de Jesús.
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Al adentrarnos en cualquier tema específico, ¿cómo podemos asegurarnos de estudiar la Biblia de modo holístico y no selectivo?
¿Qué diferencias hay entre Jesús y el Espíritu Santo? ¿Qué similitudes encuentras?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
4to. trimestre 2023 LA HERENCIA ADVENTISTA
Lección 10 «LA DEIDAD»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

