martes , 14 julio 2026

UN ROBO ORGANIZADO

La persecución estaba purificando y reavivando a los primeros cristianos; muchos estaban perdiendo amigos y familiares a causa del prejuicio de los judíos. Ahora eran vulnerables, y tenían una gran necesi- dad de comida y techo. Afortunadamente, la respuesta de la hermandad fue rápida. Luego del derramamiento del Espíritu Santo, su interés central fue ayudarse unos a otros y a la causa de Dios. A nadie le faltaba nada, porque nadie se consideraba dueño de sus posesiones (ver Hech. 4: 32-37); tenían todas las cosas en común. «Todos los que poseían heredades o casas, las vendían» (vers. 34) y ponían las ganancias a los pies de los apóstoles. Imitando el sistema de tesorería del Antiguo Testamento con el que estaban familiarizados, se recolectaban todos los bienes en un punto centralizado y se distribuían de manera equitativa: «A cada uno según su necesidad» (vers. 35).

Es interesante notar que, antes del Pentecostés, las personas dedicaban sus propiedades y llevaban las ganancias a la tesorería y a los levitas (ver Lev. 27: 14-25). Pero en Hechos 4: 36 vemos que el orden se invierte. José, un levita de Chipre, vendió su campo y llevó el dinero a los pies de los apóstoles (quienes no eran levitas). Al indicar el Espíritu Santo el nuevo sitio de su tesorería en la era del Nuevo Testamento, la iglesia y sus líderes designados se convirtieron en ministros de la tesorería. Después de todo, el Templo sería destruido en unos pocos años.

Ananías y Safira se sintieron profundamente impresionados por la manifestación del Espíritu Santo en milagros y maravillas. Lo que los impulsó a dar no fue una influencia inapropiada, sino que abrieron la puerta al Espíritu Santo, quien suavizó sus corazones egoístas y avaros. Bajo esa fuerte convicción, pactaron vender su propiedad y llevar las ganancias al Señor. Pero luego de un tiempo la convicción disminuyó, y comenzaron a arrepentirse de lo que habían pactado. Pudieron haber pensado que por sentimentalismo habían tomado la decisión demasiado rápido. Esta pareja se guardó parte de las ganancias para sí mismos y entregaron el resto.

El final de la historia es muy conocido. Cuando «llevó solo el resto» (Hech. 5: 2) del precio y lo pusieron a los pies de los apóstoles, se enfrentaron al veloz juicio de Dios. Lo que dice Pedro en Hechos 5: 3 y 4, antes de que aquellos murieran, es importante. Primero, ellos permitieron que Satanás llenara sus corazones. ¿Estoy permitiendo que Satanás llene mi corazón con pensamientos o información que me desanima a dar, o a respetar los pactos que hice con el Señor?

Pedro dijo que, al quedarse con parte del precio, también mintieron al Espíritu Santo. Esto es una indicación de que dar es una transacción con Dios, y no con otros mortales. ¿Cómo podían atreverse a creer que Dios no sabría lo que estaba sucediendo? ¿Olvidaron que nuestro Dios omnisciente «no puede ser burlado» (Gál. 6: 7)?

Pedro agrega que eran libres de quedarse con el terreno; es decir, que nadie los estaba forzado a vender ni a dar. Pero una vez que hicieron el pacto, ya no eran propietarios; solo entonces retener una parte (o la totalidad) constituía un robo.

Vuelve al texto que escribiste y estúdialo. ¿A qué parece apuntar?.

  • Memoriza tu versículo favorito de Hechos 5: 1-11.
  • Si se espera que todos presentemos diezmos y ofrendas al Señor (Mal. 3: 8), ¿por qué en el caso de Ananías y Safira ellos podrían haber elegido no dar el terreno y no tener culpa?
  • En tu opinión, ¿la omnisciencia de Dios está en nuestra contra?

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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
1er. trimestre 2023 INVERSO
Lección 11 «ANANÌAS Y SAFIRA: LOS DADORES DESLEALES»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez 

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