Para Jacob fue traumático comenzar a vivir solo. Huyó de Esaú llevando poco más que la ropa puesta, y dejó atrás la protección y la provisión de su padre (Gén. 28: 10). Una motivación correcta (obtener la primogenitura), seguida de una acción equivocada (engañar para lograrlo) lo llevaron a enfrentar muchas pérdidas terribles al mismo tiempo. Con la conciencia sucia, se sintió solo y abandonado hasta por Dios, y temió haber invalidado su primogenitura.
Por medio de ella, Dios le daba derecho a ser el sacerdote de la familia y ancestro del Redentor, además de obtener posesiones en abundancia. Por su parte, Jacob debía dedicar su vida por completo al servicio de Dios, obedecer todos sus requisitos (no engañar, por ejemplo) y consultarlo ante todas las decisiones en su vida, incluyendo con quién casarse. La prohibición del matrimonio con quienes no estaban comprometidos con Dios era una protección contra la apostasía, tanto concerniente a Jacob como a sus descendientes.
Una almohada de piedra y premoniciones terribles hicieron que esa noche fuera inolvidable. La vida era casi insoportable bajo el peso de las consecuencias de su error. Pero, en ese momento desolador, Aquel que tomó sobre sí mismo todos nuestros errores se le apareció a Jacob. «Yo soy Jehová, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac», dijo el Ser celestial en lo alto de una escalera que conectaba el cielo con la tierra. El simbolismo era evidente: ¡todavía era posible la conexión con Dios, por medio de Cristo! Antes de cualquier iniciativa por parte de Jacob, el Ser divino le prometió solemnemente siete cosas, todas relacionadas con sus pérdidas recientes: posesiones (vers. 13), posteridad, crecimiento, éxito, una misión (vers. 14), protección y restauración (vers. 15).
Como siempre, Dios tomó la iniciativa de bendecir y restaurar. Así, Jacob recibió la seguridad de que todavía podía heredar las bendiciones de Dios, si confiaba completamente en el Señor. En respuesta a las promesas divinas, Jacob lo adoró y formalizó un pacto. No era un intento por ganar el favor de Dios, ¡sino una respuesta a su iniciativa de bendecir!
Todo el que comienza la vida adulta independiente se beneficiará de estudiar el pacto de Jacob. Involucra cinco condiciones, casi una repetición de lo que Dios le había prometido: su presencia con Jacob, protección sobrenatural, alimentos para comer, ropa para vestir y un viaje pacífico de regreso a la casa de su padre. Si Dios cumple su parte, dijo Jacob, entonces el Señor será mi Dios, este lugar llegará a ser la casa de Dios (Betel), y de todo lo que Dios me dé ¡le devolveré un diez por ciento! (vers. 22).
Al proponer el diezmo (es decir, la devolución a Dios de parte de los ingresos que él nos provee), Jacob ratificó una práctica que provenía de sus antepasados, y reveló su decisión de vivir por fe, confiando en Dios como su proveedor. Hacer un pacto de diezmar está intrínsecamente relacionado con la aceptación previa de Dios como «mi Dios», mi Proveedor y Protector; un ser amante que está dispuesto a actuar en mi beneficio. De la misma forma, no diezmar cuando se tiene un ingreso puede significar que no lo reconozco como mi Proveedor y Protector.
Vuelve al texto que escribiste y estúdialo. ¿A qué parece apuntar?.
- Memoriza tu versículo favorito de Génesis 28: 10 al 15.
- ¿Cuándo se considera que alguien diezma, cuando devuelve el diezmo o cuando se compromete a diezmar? ¿Cuánto dio Jacob cuando inició ese camino (ver Gén. 28: 22)?
- ¿Confiar en Dios lleva a alguien a diezmar, o diezmar lleva a alguien a confiar en Dios? ¿Cómo es que puede funcionar de ambas maneras?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2023.
1er. trimestre 2023 INVERSO
Lección 6 «JACOB: LA PROMESA HECHA POR UN DADOR»
Colaboradores: Pr. Brayan R Cedillo & Magda Sanchez

